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la bitácora del marqués

Crónicas del balompié

COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 1 vs San Telmo 2, disputado el 10/05/08)

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

NO APTO PARA TODO PÚBLICO

 

   El fútbol, mi fiel escudero, sin público alentando y sin el colorido exultante que le dan las fanaticadas y sus pegadizos estribillos – cual rondallas estudiantiles- es como un guiso manchego, de esos con los que solemos hastiarnos, pero sin patatas y sin guisantes.

   Es como imaginar a Dulcinea deprovista de sus exuberantes tetas.

   Este pasado sábado, el estadio de los calamaretes, semejaba un lúgubre camposanto, por donde figuras fantasmagóricas disputarían un partido entre un silencio sepulcral y una soledad equivalente a los cien años.

  Puertas cerradas, entradas clausuradas, gradas desiertas. Una vez más el reino de la sinrazón imperando en nuestro maltratado fútbol.

  Así y todo nos arreglamos para poder presenciar esta devaluada versión de una batalla entre Bohemios y Candomberos, los dos intentando arribar a la quimera de la promoción; los primeros hacia arriba, los otros mirando de reojo las oscuras miasmas del abismo.

 Casi un clásico de barrio entre los fundados en Monserrat y los de San Pedro Telmo…

  A veces pienso que me sería más fácil comprender la cuadratura del círculo o los pensamientos de Confucio escritos en mandarín que las elucubraciones de San Salvador a la hora de encarar ciertos compromisos.

  ¿Podrá alguien en su sano juicio explicarme por qué el rechoncho alineador villacrespense regaló un tiempo en colocar jugadores en condiciones de marcar superioridad  ante un rival aguerrido, pero limitado? ¡Y por qué demoró medio tiempo más en dotar a los suyos de la cuota de creación que (es cierto que muchas veces retaceada) solo puede, hoy por hoy, dar el Moncho Fernández?

  ¿Es verdad que quiso darles descanso a Molina, a Ferreiro y al mencionado volante? ¿O acaso quiso castigarlos por sus flojísimas actuaciones en Adrogué una semana atrás? ¿O hay algo más que no conocemos o no debemos conocer?

   Lo cierto que Atlanta saltó al field -convertido en páramo- con Patoruzú en el arco.

La última línea para el petiso Fuente, el vocinglero Bogni, el Chiqui Pérez y el ex Ferro Cherro. El mediocampo con De Muner, el ultramontano Scatolaro y Ferreras. De conductor- insólitamente- emergió Castillito y de potenciales goleadores, Romero y Ojeda.

   Y de a poco, con paciencia y saliva, los del barrio otrora arrasado por la fiebre amarilla, fueron edificando una hegemonía sobre las acciones que los vio retirarse, tras los primeros 45 minutos como justos ganadores.

   Y tal supremacía fue posible por la flojísima resistencia que opusieron los cracks atlantes, en la zona más álgida del entrevero, allí en las inmediaciones del punto céntrico.

   Fuente, como carrilero diestro, se mostraba lento y desubicado, no estando nunca donde se lo requería. Por el andarivel opuesto, Guido Ferreras exhibía su habitual intrascendencia y el Boli nunca logró acaudillar con fervor las huestes bohemienses.

   En la vanguardia, solo Ojeda intentaba con su proverbial torpeza para manejar esa cosa redonda y movediza que suele llegarle a los pies, en tanto Romero habrá pensado que la medida del  COPROSEDE incluía la prohibición de participar de las acciones.

   Por el bajo fondo, Bogni volvía aparecer como el más firme, sobre todo, ante el notorio bajón de su pareja en el centro, el Chiqui Pérez.

   Las jugadas más incisivas eran de los huéspedes y así se lo vio a Paturuzú con más trabajo que su colega, el enano Evangelista.

   La más notoria fue cuando tapó con premura y ubicuidad dos tiros a quemarropa en las fauces mismas de su valla. Aunque, a la salida de un tiro libre, no le quedó otra que jugar a las estatuas, tras un cabezazo esquinado de Leguizamón Arce que saltó con todo confort en el corazón mismo del área, ante la atenta mirada de los backs grisperlados.

  Para el complemento San Salvador decidió que era hora de jugar en serio y mandó a la cancha a Lucas por Castillo y a un desconocido Molina (el hombre se rasuró la cabeza como Bruce Willis en Doce Monos) por el espectral Romero.

  Y Atlanta mejoró un poco, pero sin que esto resultara un vuelco significativo en su paupérrimo nivel de juego.

   Por su parte, San Telmo se replegó y se paró como para el contrataque, y a los veinte, Server se vistió de Garrincha, Orestes Corbatta y Housemann y -pegado a la raya -se eludió hasta el banderín del córner, mandó el centro atrás que Coria tradujo en 2 a 0 lapidarios para los atlantes y totalmente inútil para los eventuales triunfadores.

   El entrenador de Atlanta se dio -entonces- cuenta de que los candomberos no estaban jodiendo y lo metió al Moncho; y este ingreso marcó un tardío punto de inflexión en el decurso de los acontecimientos.

   Ahora si, los campeones de la copa Suecia son otra cosa y pasan a dominar la lid.

   Molina convierte el descuento, se pierde algunos, se luce un par de veces Evangelista,

lo tiene Ferreiro, le cometen un penal no sancionado a Lucas y también hubo alguna posibilidad que desperdició Ojeda.

   En definitiva,  no le alcanzó el tiempo para conseguir un empate, que poco a poco iba mereciendo y quedó la sensación, entre el atlanterío que se perdió la oportunidad de sumar en un partido ganable y así asegurar la localía para el Reducido.

  Aunque en el balance global y con una visión más ecuménica, la columna del debe terminó mucho más abultada que la del haber, en esta decepcionante labor bohemia.    

  Después de todo, más de uno debe agradecerle al COPROSEDE que le haya ahorrado haber presenciado esta nueva derrota, esta vez no apta para todo público.

    

 

COMENTARIO REAL (acerca de Brown de Adrogué 1 vs Atlanta 0, disputado el 10/05/08)

Por el marqués Milton Saráchaga de la Vega

 

 

  EL DOLOR DE YA NO SER

 

 

¿Recuerdas, mi fiel escudero, las largas vigías en las atalayas de Marrakesh oteando las interminables arenas saháricas, a la espera de los  ataques de la caballería bereber? ¿O aquellas extensas guardias en los almenares de Granada aguardando la inminente carga de las tropas del bárbaro visigodo Ludovico?

 Pues este sábado en el insólito puesto de observación, que ofició de palco de periodistas, allá en la fermosa localidad de Adrogué, no pude menos que rememorar aquellos momentos, aunque en esta oportunidad solo observé un desierto donde se desarrolló el espejismo de un partido de fútbol, en el que –eso sí- no faltaron los caballos.

  Y la imagen no es caprichosa, porqué además de las carencias de talentos que mostraron los dos equipos, el terreno de juego de los tri coloreados es un verdadero picadero, de dimensiones mínimas, donde se hace muy difícil desarrollar el excelso arte del balompié.

  Por supuesto que esto no justifica, de manera alguna esta nueva derrota, sin atenuanes,  sufrida por la escuadra atlante en tierras sureñas.

  Los bohemios llegaban a esta batalla con algunos soldados recuperados, pero con las acostumbradas bajas que hacen que cada fecha conozcamos a un nuevo valor de la no muy exultante cantera de Villa Adelina.

    Así San Salvador formó a los suyos de la siguiente manera: en el arco Diego Fernández (De ahora en más Patoruzú, personaje de historieta muy famoso en el Río de la Plata durante el siglo XX).

    Fuente, Bogni, Pérez y el ex Ferro Cherro, fueron los cuatro zagueros.

    Los tres del medio: Lucas, el ultramontano Scatolaro y el debutante Galeano.

    Completando el Moncho Fernández y Castillito. Ah… me olvidaba, también estuvo Molina.

   El partido, visto desde las alturas parecía la esquina de San Marín y Bartolomé Mitre a las doce del mediodía: un amontonamiento de gente corriendo en distintas direcciones, chocándose desorientada, donde el único que parecía poseer una brújula en medio de la tempestad, era el vejestorio de Zagharian.

   No bien el chango Echenique hizo sonar el silbato, Castillo quedó mano a mano con Bangert en el punto del penalty pero el guardapalos logró conjurar. Sobre lo diez un tiro libre cerca del área es tirado afuera por Ramón Fernández y sobre las 14.30 hs un disparo parabólico desde lejos, nuevamente de Cristian Castillo es enviado al córner por el arquero.

   En estos pocos y pobres sucesos pueden resumirse las intentonas bohemias en el primer tiempo. Todas aisladas, ocasionales y porque no, azarosas.

   Y esto podría hallar explicación en la actitud de Ramón Fernández, el hombre que carga con la responsabilidad de pensar, dilucidar, analizar y concebir en el team porteño. Y el Moncho es un jugador muy irregular, que insinúa más de lo que crea, que se tira al menor contacto y que por momentos parecería que está jugando un partido exhibición de futsal.

  En esas profundas lagunas, trata de aparecer el araucano Scatolaro, y por momento da la impresión de que el sol de su talento vuelve a emerger entre las cenizas del volcán  Chaitén, pero que no terminar de redondea una actuación apoteóticas como las del el año pasado.

  Lucas, por su parte tuvo una tarde negra. Casi no participó en la lucha, se lo vio perdido como a rengo en tiroteo, le dio el gol del triunfo a los locales y se fue ofuscado como un ruralista  – sin mirar a la banca- cuando fue reemplazado.

   Tal vez merezca un párrafo aparte, Castillo, que con las limitaciones físicas y las geográficas que proponía el terreno, intentó buscar la de cuero, aún en su propio campo y fue, sin jugar bien, el único generador de algún tipo de riesgo para los intereses brownies.

   En cambio Molina, se dejó seducir por sus marcantes y se entregó sin ofrecer demasiada resistencia.   

   La defensoría se sumó al desconcierto general y surgió como gran figura el vocinglero Bogni que terminó siendo un baluarte donde agonizaban todos los embates adroguenses.

   Patoruzú no anduvo mal, salvó algunos goles, aunque quedó a mitad del camino en el único goal que tuvo el partido. Digamos en su descargo que Ferreiro definió como los dioses del Olimpo.

   Galeano mostró movilidad y algún criterio, pero terminó devorado por el fragor –no muy intenso- del encuentro

    El segundo tiempo fue más de lo mismo, con un Atlanta con menos ideas un vedette, confundido y sin encontrarle la salida al laberinto que significó el elemental  diagrama táctico elucubrado por Kopriva: Orden en todas la líneas, presión sobre los volantes y atacar por los flancos.

    San Salvador hizo ingresar al intermitente Ferreras por el celinesco Galeano, y poco aportó el rubio volante, aunque estuvo a  un tris de empatar sobre el epílogo del entrevero.

    Más tarde ingresó Ojeda por el goleador del partido, sin que su presencia en el campo significara nada digno de que reflejado en una crónica.

    Lo cierto que Atlanta volvió a perder, pero lo más preocupante fue la actitud de un grupo que parece haber perdido toda mística y solidaridad entre sus integrantes.

    No hay mucho tiempo para subsanar los males que nos aquejan y pronto estaremos ante el lapidario torneo reducido.

    Discúlpame, mi fiel escudero, que no sea, hoy,  el optimismo el sentimiento predominante en el ánimo de mi espíritu.   

COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 0 vs All Boys 2, disputado el 06/05/08)

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega 

EL INFIERNO TAN TEMIDO

 

 Finalmente, mi fiel escudero, el peor escenario imaginado se concretó y nuestro archienemigo montecastrino se consagró campeón in our face y para colmo el partido no pudo terminarse por esos guarros descontrolados que no supieron aceptar el duro dictado de los acontecimientos y no supieron perder con dignidad.

  Ahora, como una espada de Damocles, penderá sobre nuestras cabezas el fantasma de una sanción que flaco favor le hará a nuestras escuálidas arcas y podrá comprometer, incluso, el potencial de Atlanta para el torneo reducido que se avecina y que podría ubicarnos ante la posibilidad de encarar la quimérica utopía de la promoción.

  Tensa estaba la atmósfera en las deshoras de este martes, en las cercanías del estadio que nos tiene como huéspedes, en la frontera septentrional de la Ciudad Autónoma.

   El no clásico venía precedido de todo tipo de augurios y temores propios de una época donde los valores han sido trastocados, y la sinrazón de la violencia usurpa el trono que dejara vacante la hidalguía, la cordura y el sentido común.

   Pero dejemos de pronunciar palabras vanas que solo caerán en saco roto, y nadie registrará  y vamos a abocarnos al sesudo análisis de la desigual batalla contra los megatloneros.

    No me hubiese gustado estar en los fondillos de San Salvador a la hora de estructurar  el escuadrón de los atlantes, diezmado por suspensiones y la inevitable mella que deja en los músculos la seguidilla de entreveros que propone el calendario.

    Sin mucho para elegir, entre el material humano disponible, estos fueron los once ágiles que emergieron por el túnel vistiendo el glorioso uniforme de bastones azules y amarillos:

    Don Rodrigo delante de los maderos. Sus cuatro custodios: Hachita Brava Fuente, el Chiqui Pérez, el ex Ferro Cherro (tras prolongada ausencia) y el retornado Bilbao.

    Como improvisado eje central: Yanzi, el casi lactante Silva y César Rámirez.

    Para intermediar con la vanguardia el Moncho Fernández y arriba, el Boli y el Clown Molina.

    El primer ataque fue para los villacrespense, en lo que pareció iba a ser la actitud decidida en pos del único resultado que valía la pena. Pero fue solo un espejismo y duró lo que la luz de un fósforo.  

    Ahí nomás, un tiro libre intrascendente, agarró a los jugadores de Atlanta preocupados en reclamar los premios para el reducido y un tal Martínez entró al área como Perico por la casa y decretó el ascenso de los de la divisa color nieve.

    Así de amarga es la verdad, porque desde ese momento los visitantes manejaron el partido sin que se les moviera un pelo, y los bohemienses en ningún momento brindaron una lucha tenaz para revertir el resultado, ni se mostraron dispuestos a vender cara la derrota, como lo requiere su insigne abolengo.

   Cuando el hermano de Cambiasso -vaya uno a saber impulsado porque fuerza gravitatoria- levantó su pesado trasero del piso y le sacó el empate a un cabezazo de Cherro a bocajarra, con esa atajada, frustró la única posibilidad clara de gol, y diluyó cualquier resabio de ímpetu que los atlantes podían exhibir.

   Enseguida se pudo cerrar el partido cuando el mismo Martínez, quedó a medio metro de la línea de sentencia y sin Don rodrigo a la vista, pero el muy animalito de Dios la tiró afuera errando un gol que hasta mi jumento en estado de ebriedad, hubiese convertido.

   Ya a esas alturas el flanco derecho de Atlanta era un Jardín de las Delicias por donde Grana se paseaba, gozozo, a su entero antojo, porque el tándem Ramírez- Bilbao ofrecía tantas garantías como las acciones del futuro tren bala.

   Por el otro sector el retacón Fuente se duplicaba en un entusiasmo que nunca logró contagiar a sus colegas. Yanzi hacía lo que podía con su acotado talento y el mozalbete Silva –abruptamente lanzado a jugar de centrohas- mostraba un atrevimiento interesante,   pero  insuficiente para la envergadura del compromiso.

   El Moncho, como d’habitude, entregaba con tacañería algo de su ciencia- bastante oculta, por cierto- pero siempre cuidando de no meter la patita en algún lugar que duela.

   Molina, por su parte, nunca pudo superar la triple marca a que era sometido, básicamente por el siberiano Madeo, que terminó con politraumatismo craneano de tanto ganar de arriba.

   Y Castillo, casi no existió.

   Ante la pobreza franciscana que ofrecía Atlanta, y ayudados por el gol tempranero, a los de Jonte y  Mercedes le bastó con la firmeza de sus fullbacks, el orden en todas sus líneas y la calidad de Zárate - sin duda el mejor jugador del torneo- para festejar el campeonato.

   El gol del futuro integrante del plantel de Lanús, Grana,  en los albores del segundo tiempo selló una derrota sin atenuantes y el poste evitó un tercer gol que solo hubiese servido para precipitar la suspensión del encuentro.   

    Lo que siguió fue el conocido viaje hacia el dislate, donde la irracionalidad hace su agosto, aunque esta vez pareció que fue con la aquiescencia de todos los involucrados en el asunto.

    ¡Que le vamos hacer, mi fiel escudero! Como dice la trovadora rioplatense: “tantas veces me mataron tantas veces me morí, sin embrago estoy aquí resucitando”.

    Y allí estaremos, Viejo Atlanta, el próximo sábado. Como siempre.

COMENTARIO REAL (acerca de Italiano 1 vs Atlanta 1, disputado el 03/05/08)

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

VERMOUTH

 

   Doce del mediodía de un templado sábado otoñal: buena  hora para tomarse un vermucito de esos que inventaron estos italianos que ahora enfrentamos, en  las combativas épocas en que don Giuseppe Garibladi recorría la geografía peninsular en toda  su caprichosa forma de oblicuo calzado.  

   Y buen aperitivo, además, para a la trascendente batalla que espera a nuestras siempre dispersas huestes, este cercano martes. Trascendente, no porque nada pueda ya modificar el implacable curso implacable de la historia, sino porque una victoria tendría el dulce sabor de un premio, que aunque menor, nos ahorraría la humillación de ver nuestro presuntuoso enemigo llevarse la corona de laureles del campeón a la testa, ante nuestras propias narices.

   Más si tal infausto suceso aconteciera, ¡Que dios ilumine al atlanterío para que sepa aceptar con grandeza el resultado adverso y que la irracionalidad no se apodere de febriles mentes, ocasionándole a nuestra institución perjuicios irreparables!.

    Lo que no sabía, mi fiel escudero, es que la prestigiosa Bodega Rodas, además de un excelso chablis, también elaboraba un  vermouth italiano. Porque este empate lleva el conjuro inevitable se su nombre.

    Los bohemios se arrimaron a la coqueta canchita de Ciudad Evita (hogar del tano Pasini)

rejuntando -como  de costumbre- a los sobrevivientes de lesiones y suspensiones y poniendo sobre la amarillenta gramilla, más de lo que se puede que de lo que se quiere.

   Así encuadró a los suyos San Salvador para el compromiso ante los descendientes Rómulo y Remo: Don Rodrigo a cuidar la línea sentenciosa. Fuente, el Chiqui Pérez, el desdentado Bogni y el ex Ferro Cherro que reaparecía.

   El eje medio quedó constituido por Yanzi, el ultramontano Scatolaro y Lucas. Un paso al frente el Moncho Fernández y los delanteros de emergencia: Romero y Ojeda.

   Empezaron mejor los azzurros que arrinconaron a los de Villa Crespo contra las pistas del Aeropuerto Pistarini, a partir de un buen trabajo del morocho Brito y del centrojás Velásquez. Ayudados por el creciente desconcierto de la volantería visitante, que no acertaba a encontrarse con el esférico.

   Pero sorpresivamente, y cuando ya Don Rodrigo contabilizaba un par de esforzados revolcones para mantener su arco indemne, un centro inocuo de Hachita Brava Fuente fue conectado con una magistral palomita – de la mejor y tradicional escuela atlante- y se mandó un gol en contra que haría morir de envidia a Firpo, Regueiro, Santillo y Verino (solo por mencionar a algunos de sus más encumbrados exponentes de tan distinguida prosapia).

   El Tano se mordió los dedos y fue por la vendetta, y volvió a reducir el territorio de los auriazules a las modestas dimensiones de los arrabales de su propia área.

   Y fue el propio bodeguero Rodas quién pondría en práctica la Ley del Talión, y tras una innecesaria falta del estereofónico Bogni, ejecutaría con primor un golpe franco para establecer un justo empate.

   De ahí en más la conversación fue emparejándose dado que  empezaron a aparecer esporádicas gestiones del Moncho, algunas de Yanzi y otras del araucano.

   Convengamos, también, que es más fácil que te lastime una goma de borrar, que una delantera formada por Romero y Ojeda.

    Pero como no hay vermouth sin papas fritas, cerca de la mitad del período Ferreiro se hace echar tontamente y el entrevero se complica seriamente. Entra Ferraras por el poco participativo Romero y Ojeda queda, allá en lontananza, de Llanero Solitario- pero sin Silver ni Toro-.

    Para colmo Brito en un choque en el circo central le aplica un cortito, tipo Noquiño Acavallo y lo despoja de dos valiosos dientes  al vocinglero Bogni que deja su lugar al camionero  Moyano (¿Fue un accidente del juego o estaba podrido de escucharlo gritar todo el tiempo?)

    El partido se deslizará de allí hasta el final en una medianía y aburrimiento proverbiales, en donde los de la colectividad en ningún momento lograron hacer pesar su hombre de más.

     Atlanta no obstante haber salido a jugar el segundo tiempo con la consigna de perder y la vista puesta, allende el fragor del próximo partido, en sumar  puntos para el reducido; tuvo buenos pasajes y hasta pudo haber ganado.

     Sobre todo cuando unos flashes momentáneos e inspirados del rubio  Farreras se sumaron al tibio sol para iluminar el sector izquierdo de la vanguardia porteña.

     Sin embargo, ya sobre los postreros quince minutos, los cracks atlantes optaron por recostarse sobre su reducto y aguantar -a la heroica- la caótica ofensiva itálica.

    En haras de esa agónica resistencia se perdió un nuevo soldado: el chileno Scatolaro vio la doble cartulina amarilla y a  pagar 200 maravedíes para mirar el partido contra All Boys desde la platea.

    Para los coleccionistas y estadísticos aportamos este dato no muy significativo: sobre la media hora reapareció tras larga ausencia el Tanque González, que poco y nada pudo aportar.

    En fin mi fiel escudero, un punto valioso con un equipo disminuido ante uno de los encumbrados y que alarga el invicto a cinco partidos.

    ¿Pero,  puede tenerse tal fría la sangre para hacer semejante análisis, ante la inminencia de la colosal batalla que se avecina?

    No consigo apartar a mi endeble cerebro de la venidera tarde del 6 de mayo, en donde solo la victoria sirve.

    Pero si la Diosa Fortuna  nos es esquiva una vez más, que tengamos, entonces, la hidalguía de saber perder con dignidad.

 

 

 

COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 1 vs Talleres 0, disputado el 25/04/08)

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

¡TARDE AMANECIMOS!

 

  ¡Ya sé, mi fiel escudero, que nunca es tarde cuando la dicha es buena!

   Pero muy tarde le hicimos el gol a este primitivo equipo tallerista y muy tarde nos acordamos de ganar seguido en este torneo, que terminamos regalando como lo hicimos con  Marruecos a los infieles hijos de Alá.

   Y debemos reconocer  que  la pródiga zafra para la contabilidad de nuestra grata institución, de estos últimos cuatro partidos se lograron con un despliegue casi mínimo del arduo arte del balompié. De haber tenido un poquitín de regularidad en los albores del año en curso, hoy tendríamos a los presuntuosos punteros temblando como maulas ante la inminencia de la próxima batalla.

   Pero dejemos ya las lamentaciones, que  nada hará que la rueda de la historia vuelva arrepentida sobre sus pasos, y adentrémonos en el sesudo análisis de lo acaecido el pasado viernes en la fronteriza ciudad de Vicente López.

    El alineador bohemiero estableció algunos cambios tácticos de novedoso diseño para la emergencia ante los albirrojos escaladores con respecto a lo presentado días atrás en Caseros: delante del cancerbero Don Rodrigo diseñó una flexible línea defensiva con Tijera jugando de Fuente – eso es alternando el papel de marcador con el de carrilero-.Los tres fijos fueron – entonces- el estereofónico Bogni, el Chiqui Pérez y el retornado Bilbao.

   En el mediocampo ubicó a Yanzi que mutaba de guardespaldas de Scatolaro a volante por derecha, más el mencionado volante trasandino más Luquitas.

   Arriba, sin cambios: el Moncho de enganchador  y, como vanguardia esclarecida, el Clown Molina y el Boli Castillo.   

    El primer tiempo fue un soliloquio de Atlanta que arrancó con toda la furia y terminó diluyéndose en cada vez más aisladas incursiones sobre el mal defendido territorio del arquero Gambandé, de eterna memoria entre el atlanterío.

    Parecía que en el firmamento villacrespense había nacido una nueva estrella, cuando en los primeros minutos el morocho Tijera monopolizó todo el juego que se desarrollaba casi exclusivamente por su sector.

    Una ponchada de centros emergidos de sus pies, un cabezazo defectuoso y una asistencia a la cabeza de Castillo, que sin marcas le envió la pelota a la regalona hinchada bohemia, como un anticipo de una velada pletórica de obsequios a los movedizos y exaltados mozalbetes.

    Ya lo decía un filósofo alemán del siglo XIX, “La historia siempre se repite dos veces”; y si Molina contra Sarmiento se comió una cantidad inusitada de goles hechos antes de marcar el del triunfo, en esta ocasión le tocó a  Castillo pasar por el mismo trance.

   Al ya descrito cabezazo debemos computarle un mano a mano que quiso definir a lo Chelo Delgado y le salió a lo Ramos Delgado, y otra que sólo frente al golero enemigo se cayó al piso, como San Martín en pleno combate de San Lorenzo.   

    Por su parte, los jugadores del humilde equipo huésped, cada vez que pasaban la mitad de cancha le mandaban una postal a sus familiares, como recuerdo de su visita a tan desconocidas regiones.

    En el segundo período, los bohemios recuestan su juego sobre la otra banda (o la misma del primer tiempo), es decir sobre la izquierda merced al creciente protagonismo de Lucas, de su amor propio y su orgullo de hincha a Atlanta y una pizca de búsqueda del aplauso fácil de sus seguidores.

    También hacia allí se aproximan las intermitencias de Fernández y las temibles (para nosotros) subidas de Bilbao.

    En esos momentos es cuando los talleristas escaladores logran llegar hasta Don Rodrigo para que justifique - con un par de acciones- los vehementes reclamos salariales que antecedieron al encuentro. 

    Atlanta rondaba la esquina de Gambandé pero con la claridad que ofrece la Ruta 9 a la altura de Zárate.

    En un instante cúlmine de las acciones, el clown  Molina ensaya un paso de ballet que envidiaría el propio Nureyev o el vernáculo Julio Bocca, y de un taquito aéreo casi consigue el que hubiese sido el gol más hermoso en la extensa historia del club de la calle Von Humboldt.

   Y cuando ya las esperanzas se perdían en la noche, como el boludo del cura brasileño en medio del mar, en el ataque 77 – por el minuto- un centro del Moncho es corregido por el ultramontano Scatolaro y Castillo, de cabeza, la manda al regazo blando de las mallas entretejidas.

   Final y otra victoria poco florida, pero que los ágiles atlantes festejaron como los uruguayos el Maracanazo, el Duque de Wellington la victoria de Waterloo y D´Elia el desalojo en plaza de Mayo de los caceroleros.

   ¡Quiera Dios que tal festejo se repita en los próximos dos partidos!   

 

 

COMENTARIO REAL (acerca de Estudiantes 1 vs Atlanta 1, disputado el 19/04/08)

HUMO

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

 

 

 ¿Por qué extraño capricho del destino hemos escogido estas tierras tercermundistas como proscenio de  nuestras andanzas? ¡Hasta las hecatombes son  bananeras!

   Nosotros -que hemos sido testigos de la caída del Coloso de Rodas al Mare Nostrum, de la desaparición entre las cenizas del Vesubio de Pompeya, Herculano y Stabia, o de la muerte de media Europa por causa de la peste negra- cabalgamos, ahora, por una ciudad fantasma invadida, increíblemente, por la humareda producto de la negligente quema de pastizales suburbanos.

  Y orientados por la brújula que supo obsequiarme el veneciano Marco Polo, arribamos al paraje de Caseros, sitio de una batalla que supo cambiar la suerte de este exótico país.

   El bohemio, que cada vez que gana deja uno o dos soldados fuera de batalla, se las veía en figurillas para poder recomponer el equipo, sobre todo en la zona de los volantes.

   San Salvador arquitectó una especie de 4-4-1-1, bastante conservador, tal vez urgido por las carencias de material, tal vez ya especulando solamente con una mejor ubicación para el torneo reducido.

   Llinás (que gracias al Altísimo retornó a los tres palos); Hachita Brava Fuente, el vocinglero Bogni, el Chiqui Pérez y el retornado Bilbao, los cuatro de abajo.

   El medio campo estuvo conformado por Tijera, el ultramontano Scatolaro, Yanzi y el César Ramírez. Como un escalón previo al ariete Molina, se ubicó Castillo, un poco más retrasado.   

    El partido comenzó marcado por la prudencia (o sea que ningún equipo se le fue al humo al otro), y una leve predominancia del team que venía de más allá de la bruma.

    Sobre todo, cuando el juego se recostaba hacia el sector derecho donde Yanzi tuvo buenos momentos, acompañada ora por Tijera, ora por el chileno y siempre por la predisposición del Boli a buscar el contacto con el esférico elemento.

    Por la banda contraria -y como ya es hábito- venían los mayores padecimientos para los grisperlados. En esa región, Ramírez jugaba al hombre invisible y Bilbao exponía sus eternos problemas de recuperación del útil y el espacio.

    Los devotos de Curto, por su parte, son una escuadra asimétrica, con dos delanteros temibles como Martín y Martella, un medio campo inocuo y una defensa espantosa.

   En el delicado equilibrio y mediocridad que ofrecía la lucha, era justo que de haber alguien que le llene la cocina de humo al otro, ese sea Atlanta.

   Porque la mencionada hegemonía por la diestra del terruño había generado las dos situaciones más diáfanas para el gol: la primera, después de una combinación entre Yanzi y Castillo que dejó a Molina frente al arco y sin portero (Jaime que había ido a bajar la jaula) y el pichichi villacrespense desvió el testazo inexplicablemente.

   Enseguida otro centro desde la derecha fue conectado por Castillo y, esta vez sí, el guardapalos de los estudiosos respondió con pericia y reflejos.

   En el otro frente de combate, la dupla Mar- Mar se acercaba a los dominios de Don Rodrigo, pero sin mucha agudeza y penetración.

   El petiso Fuente se las ingeniaba para empardar las cosas con Juan Martín (que no es Pueyrredón) en la bíblica lucha entre David Y Goliat.

   Pero el que resolvía todo en los bajíos atlantes era – una vez- más el Chiqui Pérez con su fortaleza, solvencia (¡Qué bien los toca abajo cuando la pelota viene en el aire!) y su audacia para salir jugando. ¡Esperemos que no se le vayan los humos a la cabeza!

   Moría el primer tiempo bajo el sol rojizo, empalidecido por la neblina, cuando Atlanta abrió el store: Yanzi trepó nuevamente echando humo, su centro fue cortinado por el clown

 Molina y Castillo, sin marca, la cruzó con la precisión de un astrólogo maya, al palo opuesto del desairado Jaime.

  Los números rendían pleitesía a la diosa Justicia, cuando al finiquitar los primeros 45’, los Bohemios se retiraban triunfadores a los vestidores, a gozar del descanso de los justos.

   En el segundo, continuó jugando mejor Atlanta y aparecía como un grupo de hombres prolijitos y con capacidad de manejar sin apremios el trámite de la acciones.

   Hasta que una pelota perdida en función de ataque entre Ramírez y Bilbao, permitió una escalada a espaldas de este último de un volante albinegro, cuyo envío fue conectado de cabeza por Juan Martín (Que no es Pueyrredón) y con precisión de ingeniero de la NASA la ubicó en el segundo poste de Don Rodrigo, que quedó como mudo testigo de tan excelsa maniobra. 

  De allí en más el entrevero se hizo parejo y ahora las más peligrosas serían  para los de la avenida Beiró, con pelotazo en travesaño incluido.

   Guido Ferreras ingresó por Ramírez y su participación tuvo tan pocos humos como la del hombre da las canteras de Villa Celina.

    En un esfuerzo postrero por alcanzar los tres puntos, San Salvador introduce al grandote Ojeda por Fuente y Atlanta termina atacando con tres. Rearma la defensa bajando a Tijera cuando ya la vanguardia de Estudiantes carecía de la presencia del siempre amenazante Martella.

  Cuando el humo y los años habían hecho estragos en los músculos y pulmones del experimentado Castillo (De lo mejor, junto al Chiqui), lo reemplaza por Romero.

   Sin acontecimientos de relevancia y con algo de conformidad por ambos contendientes, se llega al final.

   Un punto en una cancha siempre esquiva y que sirve para extender a tres la racha de partidos invictos, pero que terminan por aniquilar las pocas ilusiones que quedaban de lograr el ascenso directo.

   Ilusiones que, finalmente, se hicieron humo.   

 

COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 2 vs Sarmiento de Junín 1, disputado el 14/04/08)

Por el  Marqués Milton Saráchaga de la Vega

UNA  PAYASADA

 

 El payaso con su mueca

 y su risa exagerada,

 nos invita, camaradas,

 a gozar del carnaval    (Del tango Ríe Payaso)

 

 

   Menos mal, mi fiel escudero, que el payaso Molina sacó a relucir su estirpe de inexorable verdugo,  puso la patita y no desaprovechó la enésima oportunidad que le ofrecieron los hados que habitan los campos del balompié y, de esta manera, terminamos retirándonos gananciosos del no siempre propicio terreno de Vicente López.

   Y debemos reconocer que hemos enhebrado la segunda victoria consecutiva, sin que ninguna de ambas pueda llenarnos de gloria y loor o de honra sin par.

   Porque el agónico gol del gran capocanionieri, apenas puede disimular una velada, donde el péndulo de la fortuna estuvo oscilando amenazante, como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas, entre la tragedia y la comedia.

  El triunfo, valioso al fin,  como lo son todos, terminó cobrándose (como viene ocurriendo habitualmente) su oneroso precio de expulsados, suspendidos y lesionados, que obligan a rebuscar en los recónditos subterráneos de la cantera de Celina o debajo del banco de suplentes, valores aún  imberbes que puedan completar la plantilla de buena fe de cada fecha.  

  San Salvador no pudo contar, en este partido rodeado de circunstancias circenses,  con el santafesino Llinás, por primera vez  desde su incorporación y ocupó su lugar el estirado Fernández.                           

   La patrulla defensora estuvo integrada por Fuente, el chiqui Pérez, el vocinglero Bogni y debutó el hiperkinético Fortuna, con unos botines de color guinda, más parecidos a los escarpines que usan los bufones que recorren las cortes con sus ocurrencias, que al viril calzado propio de un rudo player de fútbol.

   Para el medio ubicó al león De Muner, flanqueado a su diestra por Yanzi y a siniestra por Lucas. Intermediando con los delanteros Molina y Ojeda, quedó como siempre, el Moncho Fernández.

   Como si fuese un repetido ritual, comenzó mejor el equipo de Villa Crespo merced a esos primeros quince minutos de talento (no muchos más) que suele regalar Fernández, acompañado por momentos por Lucas y los movimientos pivoteantes del grandote Ojeda.

  A esos sumados los algunos valiosos rushes por su sector de Fuente y una buena labor de vigilancia de De Muner por la esfera del medio.

   Esa mejoría, no tardó en cristalizarse en el marcador, cuando el estrenado Fortuna habilitó por su banda a Ojeda y este dejó solito al Moncho para que eludiera al longevo Burela y pusiera en ventaja a los atlantes.

   Los pitufos verdes (deben tener un promedio de altitud de unos 5 pies) son un equipo sin demasiadas ambiciones y llegaron al estadio calamar tras una  clamorosa goleada en la misma laguna de Gómez.

  Dependen casi exclusivamente de lo que haga el experimentado y también diminuto Zuleta  del ecuador para adelante, y en el fondo son un flan con poca leche.

   Pero el dominio bohemio fue perdiendo, con el tic tac del reloj, su enjundia inicial y terminó diluido en un toqueteo chirle e impreciso.

    En realidad el partido fue tornándose una obra maestra del terror, en medio de una noche fría donde solo faltaban aparecer Narciso Ibáñez Menta, Bela Lugosi y Alicia Kirchner.

    Un tiro libre desde la estación Florida para los del Fortín Federación, agarró al arquero de Atlanta bailando al ritmo de Xuxa: dio “un pasito p’adelante” y cuando dio “un pasito para atrás” la fue a buscar al fondo del arco.

    1 a 1 y todo se complicaba innecesariamente. Para mal de males, ya no estaba De Muner, -de aceptable faena- que se había roto la mano tratando de agarrar las pantalonetas de un forward sarmientino.   

    Así y todo, los porteños continuaron siendo levemente superiores, más que nada por las abundantes carencias ajenas, que por la escasas virtudes propias.

   Si el primero de los tiempos fue malo, el segundo fue espantoso

   Las pocas y timoratas incursiones juninianas fueron la excusa ideal para el lucimiento del Chiqui Pérez –por años luz el mejor jugador de la cancha- y el horcón desde donde arrancaban los aluvionales ataques bohemios.

   De tanto en tanto, Molina se erraba un gol para alterar la rutina y Ferreiro concretó  lo que todo el mundo tenía ganas: irse a casa temprano faltando poco para el fin. Se hizo echar y  a la duchita caliente para envidia de compañeros, rivales, árbitros y público en general.

   Pero cuando todo parecía que terminaba en otro empate -que no sumaba ni restaba nada-, un postrero córner desde la derecha de su televisión, señora, encontró una cabeza bohemia en el centro de la ciudadela visitante y el clown Molina, cayéndose la mandó a guardar y decretó un victoria que no va dejar demasiado en el memoria y balance de la rica historia de Atlanta.

    Tres puntos que sirven, pero que quedaron eclipsados por la opaca performance del equipo y por el nuevo tendal de bajas para afrontar la futura excursión a  Caseros.

    ¡Le ganamos al Padre del aula, ahora vayamos por los estudiantes!

COMENTARIO REAL (acerca de Temperley 0 vs Atlanta 1, disputado el 08/04/08)

PASTILLA DE CARBÓN 

 

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

 

 

 ¡Tierras feraces para las cosechas bohemieras, mi fiel escudero,  las  ubicadas la  vera del viaducto de la calle Pasco!

   No conserva mi frágil memoria, haberme vuelto  desde esta región del austro bonaerense masticando el amargo sabor de una derrota en las últimas tres décadas.

 Es más, creo que hemos construido en este lapso, una paternidad que poco a poco va vengando la infausta afrenta sufrida en aquel lejano, pero siempre lacerante en el recuerdo,  diciembre de 1982.

  En esta ocasión arribamos a Turdera, timoratos y con el ala caída tras una seguidilla de tres derrotas- cuasi catastróficas- que nos distanciaron por demás de nuestro archi rival Montecastrense, amigo bastardo, precisamente, del contrincante en la noche de este martes.

  Los atlantes llegaban diezmados y la alineación de su escuadra era un misterio rocambolesco que solo San Salvador podía dilucidar.

   Sin apartarse de su esquema (que en su variante 2008 presenta a Fuente en un rol voluble entre carrilero y marcador de punta) los once que saltaron al field del Beranger a defender los gloriosos colores de la añeja institución de Villa Crespo fueron:   Don Rodrigo como custodio de la meta (de ellos). Los cuatro del bajo fondo, el mentado Fuente, el doncel debutante Celín, el estereofónico Bogni y el larguirucho Verino. Por el equador el incomprendido Yanzi, de centrojás el León De Muner y Luquitas.  De enganchador el Moncho Fernández y para la estocada final Ojeda y Castillito.

   Empezaron los capitalinos como para comerse los chicos crudos (sobre todo si visten de celeste).

   A poco de iniciada las acciones, el Boli se devora un goal increíble en las barbas mismas del sorprendido Crivelli.

  Pero a los cinco, en un golpe franco a las puertas de las murallas gasoleras, la puntería de Robin Hood y Gómez Voglino se concentran en el calzado diestro del Moncho que la pone tan inalcanzable como la estrella polar, al vuelo fatuo del goalckaeper  local.

  La hegemonía de los huéspedes se extendió por unos pocos minutos más, y allí comenzaron a terciar los volantes temperleyenses y fue cuando creció la  figura de  de Muner en el circo central y del vocinglero Bogni en solidaridad con Fuente, para evitarle a Celín los papelones que todos supimos cometer cuando debutamos.

  Mientras tanto Lucas y Ojeda la peleaban como podían arriba, en tanto Castillo se iba convirtiendo paulatinamente en algo parecido a un espectro.

   Los celestones se adueñaron del útil, pero hay que señalar que, en posesión del mismo tienen menos ideas que D’Elia y Castells juntos.

    Así y todo se las ingeniaron en llevar algún peligro a los arrabales defendidos por el santafesino Llinás, que cuando fue requerido respondió con la seguridad y eficacia que lo supieron ubicar, aceleradamente, en un rincón privilegiado del corazón del atlanterío.

    Sobretodo al desviar al córner en forma sobresaliente un tiro libre del volante Pajarón.

    En el segmento epilogar no se registraron mayores modificaciones tácticas para las maniobras de ambos conjuntos.

    Atlanta fue una ráfaga de mejor juego al inicio y para luego retrasarse, aguantar, relajarse y gozar.

   La cosa no parecía demasiado complicada, porque el dominio de los aliados de El Globo y All Boys tenía menos profundidad que el río Calabalumba cuando pasa por Capilla  del Monte.

   Pero el paparulo de Verino metió la manito y a las duchas antes de hora;  y nuevamente    todo se complica,  aparecen recientes fantasmas y hasta un empate aparece como un buen resultado en el  resignado imaginario bohemiense.    

   Los sureros van y van y dos pelotas dan en el madero horizontal. Y sí no, está Bogni para despejar y sí no, Don Rodrigo para atajar.

   Ya a estas alturas el cansino Bilbao  había ingresado por el Moncho Fernández, lo que significaba que San Salvador había sacrificado toda creatividad en el altar mayor de la resistencia.

   Sobre el final.-para que no queden dudas de sus intenciones- el alineador de  Atlanta reemplaza al atacador Ojeda  (de buena faena)  por el araucano Scatolaro.

   El bohemio era solo aguante y, para darle un tono de  mayor heroicidad al triunfo, Bilbao también mete la manito, se va al vestidor  y quedan  once contra nueve.

   Pero no hay nada que hacer: parece que es más fácil que Hermenegildo Sabat sea mafioso a que Temperley te haga un gol.  

   Así se llega a una conquista muy festejada, sin nada para regalar en materia futbolística, pero que vale muchísimo, tras tantos padecimientos.

   Más que nada sí este lauro sirve como una pastilla de carbón, para poner fin a la larga diarrea estival que nos estuvo aquejando durante todos estos meses.