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la bitácora del marqués

COMENTARIO REAL (acerca de Estudiantes 1 vs Atlanta 1, disputado el 19/04/08)

HUMO

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

 

 

 ¿Por qué extraño capricho del destino hemos escogido estas tierras tercermundistas como proscenio de  nuestras andanzas? ¡Hasta las hecatombes son  bananeras!

   Nosotros -que hemos sido testigos de la caída del Coloso de Rodas al Mare Nostrum, de la desaparición entre las cenizas del Vesubio de Pompeya, Herculano y Stabia, o de la muerte de media Europa por causa de la peste negra- cabalgamos, ahora, por una ciudad fantasma invadida, increíblemente, por la humareda producto de la negligente quema de pastizales suburbanos.

  Y orientados por la brújula que supo obsequiarme el veneciano Marco Polo, arribamos al paraje de Caseros, sitio de una batalla que supo cambiar la suerte de este exótico país.

   El bohemio, que cada vez que gana deja uno o dos soldados fuera de batalla, se las veía en figurillas para poder recomponer el equipo, sobre todo en la zona de los volantes.

   San Salvador arquitectó una especie de 4-4-1-1, bastante conservador, tal vez urgido por las carencias de material, tal vez ya especulando solamente con una mejor ubicación para el torneo reducido.

   Llinás (que gracias al Altísimo retornó a los tres palos); Hachita Brava Fuente, el vocinglero Bogni, el Chiqui Pérez y el retornado Bilbao, los cuatro de abajo.

   El medio campo estuvo conformado por Tijera, el ultramontano Scatolaro, Yanzi y el César Ramírez. Como un escalón previo al ariete Molina, se ubicó Castillo, un poco más retrasado.   

    El partido comenzó marcado por la prudencia (o sea que ningún equipo se le fue al humo al otro), y una leve predominancia del team que venía de más allá de la bruma.

    Sobre todo, cuando el juego se recostaba hacia el sector derecho donde Yanzi tuvo buenos momentos, acompañada ora por Tijera, ora por el chileno y siempre por la predisposición del Boli a buscar el contacto con el esférico elemento.

    Por la banda contraria -y como ya es hábito- venían los mayores padecimientos para los grisperlados. En esa región, Ramírez jugaba al hombre invisible y Bilbao exponía sus eternos problemas de recuperación del útil y el espacio.

    Los devotos de Curto, por su parte, son una escuadra asimétrica, con dos delanteros temibles como Martín y Martella, un medio campo inocuo y una defensa espantosa.

   En el delicado equilibrio y mediocridad que ofrecía la lucha, era justo que de haber alguien que le llene la cocina de humo al otro, ese sea Atlanta.

   Porque la mencionada hegemonía por la diestra del terruño había generado las dos situaciones más diáfanas para el gol: la primera, después de una combinación entre Yanzi y Castillo que dejó a Molina frente al arco y sin portero (Jaime que había ido a bajar la jaula) y el pichichi villacrespense desvió el testazo inexplicablemente.

   Enseguida otro centro desde la derecha fue conectado por Castillo y, esta vez sí, el guardapalos de los estudiosos respondió con pericia y reflejos.

   En el otro frente de combate, la dupla Mar- Mar se acercaba a los dominios de Don Rodrigo, pero sin mucha agudeza y penetración.

   El petiso Fuente se las ingeniaba para empardar las cosas con Juan Martín (que no es Pueyrredón) en la bíblica lucha entre David Y Goliat.

   Pero el que resolvía todo en los bajíos atlantes era – una vez- más el Chiqui Pérez con su fortaleza, solvencia (¡Qué bien los toca abajo cuando la pelota viene en el aire!) y su audacia para salir jugando. ¡Esperemos que no se le vayan los humos a la cabeza!

   Moría el primer tiempo bajo el sol rojizo, empalidecido por la neblina, cuando Atlanta abrió el store: Yanzi trepó nuevamente echando humo, su centro fue cortinado por el clown

 Molina y Castillo, sin marca, la cruzó con la precisión de un astrólogo maya, al palo opuesto del desairado Jaime.

  Los números rendían pleitesía a la diosa Justicia, cuando al finiquitar los primeros 45’, los Bohemios se retiraban triunfadores a los vestidores, a gozar del descanso de los justos.

   En el segundo, continuó jugando mejor Atlanta y aparecía como un grupo de hombres prolijitos y con capacidad de manejar sin apremios el trámite de la acciones.

   Hasta que una pelota perdida en función de ataque entre Ramírez y Bilbao, permitió una escalada a espaldas de este último de un volante albinegro, cuyo envío fue conectado de cabeza por Juan Martín (Que no es Pueyrredón) y con precisión de ingeniero de la NASA la ubicó en el segundo poste de Don Rodrigo, que quedó como mudo testigo de tan excelsa maniobra. 

  De allí en más el entrevero se hizo parejo y ahora las más peligrosas serían  para los de la avenida Beiró, con pelotazo en travesaño incluido.

   Guido Ferreras ingresó por Ramírez y su participación tuvo tan pocos humos como la del hombre da las canteras de Villa Celina.

    En un esfuerzo postrero por alcanzar los tres puntos, San Salvador introduce al grandote Ojeda por Fuente y Atlanta termina atacando con tres. Rearma la defensa bajando a Tijera cuando ya la vanguardia de Estudiantes carecía de la presencia del siempre amenazante Martella.

  Cuando el humo y los años habían hecho estragos en los músculos y pulmones del experimentado Castillo (De lo mejor, junto al Chiqui), lo reemplaza por Romero.

   Sin acontecimientos de relevancia y con algo de conformidad por ambos contendientes, se llega al final.

   Un punto en una cancha siempre esquiva y que sirve para extender a tres la racha de partidos invictos, pero que terminan por aniquilar las pocas ilusiones que quedaban de lograr el ascenso directo.

   Ilusiones que, finalmente, se hicieron humo.   

 

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