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la bitácora del marqués

COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 1 vs Talleres 0, disputado el 25/04/08)

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

¡TARDE AMANECIMOS!

 

  ¡Ya sé, mi fiel escudero, que nunca es tarde cuando la dicha es buena!

   Pero muy tarde le hicimos el gol a este primitivo equipo tallerista y muy tarde nos acordamos de ganar seguido en este torneo, que terminamos regalando como lo hicimos con  Marruecos a los infieles hijos de Alá.

   Y debemos reconocer  que  la pródiga zafra para la contabilidad de nuestra grata institución, de estos últimos cuatro partidos se lograron con un despliegue casi mínimo del arduo arte del balompié. De haber tenido un poquitín de regularidad en los albores del año en curso, hoy tendríamos a los presuntuosos punteros temblando como maulas ante la inminencia de la próxima batalla.

   Pero dejemos ya las lamentaciones, que  nada hará que la rueda de la historia vuelva arrepentida sobre sus pasos, y adentrémonos en el sesudo análisis de lo acaecido el pasado viernes en la fronteriza ciudad de Vicente López.

    El alineador bohemiero estableció algunos cambios tácticos de novedoso diseño para la emergencia ante los albirrojos escaladores con respecto a lo presentado días atrás en Caseros: delante del cancerbero Don Rodrigo diseñó una flexible línea defensiva con Tijera jugando de Fuente – eso es alternando el papel de marcador con el de carrilero-.Los tres fijos fueron – entonces- el estereofónico Bogni, el Chiqui Pérez y el retornado Bilbao.

   En el mediocampo ubicó a Yanzi que mutaba de guardespaldas de Scatolaro a volante por derecha, más el mencionado volante trasandino más Luquitas.

   Arriba, sin cambios: el Moncho de enganchador  y, como vanguardia esclarecida, el Clown Molina y el Boli Castillo.   

    El primer tiempo fue un soliloquio de Atlanta que arrancó con toda la furia y terminó diluyéndose en cada vez más aisladas incursiones sobre el mal defendido territorio del arquero Gambandé, de eterna memoria entre el atlanterío.

    Parecía que en el firmamento villacrespense había nacido una nueva estrella, cuando en los primeros minutos el morocho Tijera monopolizó todo el juego que se desarrollaba casi exclusivamente por su sector.

    Una ponchada de centros emergidos de sus pies, un cabezazo defectuoso y una asistencia a la cabeza de Castillo, que sin marcas le envió la pelota a la regalona hinchada bohemia, como un anticipo de una velada pletórica de obsequios a los movedizos y exaltados mozalbetes.

    Ya lo decía un filósofo alemán del siglo XIX, “La historia siempre se repite dos veces”; y si Molina contra Sarmiento se comió una cantidad inusitada de goles hechos antes de marcar el del triunfo, en esta ocasión le tocó a  Castillo pasar por el mismo trance.

   Al ya descrito cabezazo debemos computarle un mano a mano que quiso definir a lo Chelo Delgado y le salió a lo Ramos Delgado, y otra que sólo frente al golero enemigo se cayó al piso, como San Martín en pleno combate de San Lorenzo.   

    Por su parte, los jugadores del humilde equipo huésped, cada vez que pasaban la mitad de cancha le mandaban una postal a sus familiares, como recuerdo de su visita a tan desconocidas regiones.

    En el segundo período, los bohemios recuestan su juego sobre la otra banda (o la misma del primer tiempo), es decir sobre la izquierda merced al creciente protagonismo de Lucas, de su amor propio y su orgullo de hincha a Atlanta y una pizca de búsqueda del aplauso fácil de sus seguidores.

    También hacia allí se aproximan las intermitencias de Fernández y las temibles (para nosotros) subidas de Bilbao.

    En esos momentos es cuando los talleristas escaladores logran llegar hasta Don Rodrigo para que justifique - con un par de acciones- los vehementes reclamos salariales que antecedieron al encuentro. 

    Atlanta rondaba la esquina de Gambandé pero con la claridad que ofrece la Ruta 9 a la altura de Zárate.

    En un instante cúlmine de las acciones, el clown  Molina ensaya un paso de ballet que envidiaría el propio Nureyev o el vernáculo Julio Bocca, y de un taquito aéreo casi consigue el que hubiese sido el gol más hermoso en la extensa historia del club de la calle Von Humboldt.

   Y cuando ya las esperanzas se perdían en la noche, como el boludo del cura brasileño en medio del mar, en el ataque 77 – por el minuto- un centro del Moncho es corregido por el ultramontano Scatolaro y Castillo, de cabeza, la manda al regazo blando de las mallas entretejidas.

   Final y otra victoria poco florida, pero que los ágiles atlantes festejaron como los uruguayos el Maracanazo, el Duque de Wellington la victoria de Waterloo y D´Elia el desalojo en plaza de Mayo de los caceroleros.

   ¡Quiera Dios que tal festejo se repita en los próximos dos partidos!   

 

 

COMENTARIO REAL (acerca de Estudiantes 1 vs Atlanta 1, disputado el 19/04/08)

HUMO

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

 

 

 ¿Por qué extraño capricho del destino hemos escogido estas tierras tercermundistas como proscenio de  nuestras andanzas? ¡Hasta las hecatombes son  bananeras!

   Nosotros -que hemos sido testigos de la caída del Coloso de Rodas al Mare Nostrum, de la desaparición entre las cenizas del Vesubio de Pompeya, Herculano y Stabia, o de la muerte de media Europa por causa de la peste negra- cabalgamos, ahora, por una ciudad fantasma invadida, increíblemente, por la humareda producto de la negligente quema de pastizales suburbanos.

  Y orientados por la brújula que supo obsequiarme el veneciano Marco Polo, arribamos al paraje de Caseros, sitio de una batalla que supo cambiar la suerte de este exótico país.

   El bohemio, que cada vez que gana deja uno o dos soldados fuera de batalla, se las veía en figurillas para poder recomponer el equipo, sobre todo en la zona de los volantes.

   San Salvador arquitectó una especie de 4-4-1-1, bastante conservador, tal vez urgido por las carencias de material, tal vez ya especulando solamente con una mejor ubicación para el torneo reducido.

   Llinás (que gracias al Altísimo retornó a los tres palos); Hachita Brava Fuente, el vocinglero Bogni, el Chiqui Pérez y el retornado Bilbao, los cuatro de abajo.

   El medio campo estuvo conformado por Tijera, el ultramontano Scatolaro, Yanzi y el César Ramírez. Como un escalón previo al ariete Molina, se ubicó Castillo, un poco más retrasado.   

    El partido comenzó marcado por la prudencia (o sea que ningún equipo se le fue al humo al otro), y una leve predominancia del team que venía de más allá de la bruma.

    Sobre todo, cuando el juego se recostaba hacia el sector derecho donde Yanzi tuvo buenos momentos, acompañada ora por Tijera, ora por el chileno y siempre por la predisposición del Boli a buscar el contacto con el esférico elemento.

    Por la banda contraria -y como ya es hábito- venían los mayores padecimientos para los grisperlados. En esa región, Ramírez jugaba al hombre invisible y Bilbao exponía sus eternos problemas de recuperación del útil y el espacio.

    Los devotos de Curto, por su parte, son una escuadra asimétrica, con dos delanteros temibles como Martín y Martella, un medio campo inocuo y una defensa espantosa.

   En el delicado equilibrio y mediocridad que ofrecía la lucha, era justo que de haber alguien que le llene la cocina de humo al otro, ese sea Atlanta.

   Porque la mencionada hegemonía por la diestra del terruño había generado las dos situaciones más diáfanas para el gol: la primera, después de una combinación entre Yanzi y Castillo que dejó a Molina frente al arco y sin portero (Jaime que había ido a bajar la jaula) y el pichichi villacrespense desvió el testazo inexplicablemente.

   Enseguida otro centro desde la derecha fue conectado por Castillo y, esta vez sí, el guardapalos de los estudiosos respondió con pericia y reflejos.

   En el otro frente de combate, la dupla Mar- Mar se acercaba a los dominios de Don Rodrigo, pero sin mucha agudeza y penetración.

   El petiso Fuente se las ingeniaba para empardar las cosas con Juan Martín (que no es Pueyrredón) en la bíblica lucha entre David Y Goliat.

   Pero el que resolvía todo en los bajíos atlantes era – una vez- más el Chiqui Pérez con su fortaleza, solvencia (¡Qué bien los toca abajo cuando la pelota viene en el aire!) y su audacia para salir jugando. ¡Esperemos que no se le vayan los humos a la cabeza!

   Moría el primer tiempo bajo el sol rojizo, empalidecido por la neblina, cuando Atlanta abrió el store: Yanzi trepó nuevamente echando humo, su centro fue cortinado por el clown

 Molina y Castillo, sin marca, la cruzó con la precisión de un astrólogo maya, al palo opuesto del desairado Jaime.

  Los números rendían pleitesía a la diosa Justicia, cuando al finiquitar los primeros 45’, los Bohemios se retiraban triunfadores a los vestidores, a gozar del descanso de los justos.

   En el segundo, continuó jugando mejor Atlanta y aparecía como un grupo de hombres prolijitos y con capacidad de manejar sin apremios el trámite de la acciones.

   Hasta que una pelota perdida en función de ataque entre Ramírez y Bilbao, permitió una escalada a espaldas de este último de un volante albinegro, cuyo envío fue conectado de cabeza por Juan Martín (Que no es Pueyrredón) y con precisión de ingeniero de la NASA la ubicó en el segundo poste de Don Rodrigo, que quedó como mudo testigo de tan excelsa maniobra. 

  De allí en más el entrevero se hizo parejo y ahora las más peligrosas serían  para los de la avenida Beiró, con pelotazo en travesaño incluido.

   Guido Ferreras ingresó por Ramírez y su participación tuvo tan pocos humos como la del hombre da las canteras de Villa Celina.

    En un esfuerzo postrero por alcanzar los tres puntos, San Salvador introduce al grandote Ojeda por Fuente y Atlanta termina atacando con tres. Rearma la defensa bajando a Tijera cuando ya la vanguardia de Estudiantes carecía de la presencia del siempre amenazante Martella.

  Cuando el humo y los años habían hecho estragos en los músculos y pulmones del experimentado Castillo (De lo mejor, junto al Chiqui), lo reemplaza por Romero.

   Sin acontecimientos de relevancia y con algo de conformidad por ambos contendientes, se llega al final.

   Un punto en una cancha siempre esquiva y que sirve para extender a tres la racha de partidos invictos, pero que terminan por aniquilar las pocas ilusiones que quedaban de lograr el ascenso directo.

   Ilusiones que, finalmente, se hicieron humo.   

 

COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 2 vs Sarmiento de Junín 1, disputado el 14/04/08)

Por el  Marqués Milton Saráchaga de la Vega

UNA  PAYASADA

 

 El payaso con su mueca

 y su risa exagerada,

 nos invita, camaradas,

 a gozar del carnaval    (Del tango Ríe Payaso)

 

 

   Menos mal, mi fiel escudero, que el payaso Molina sacó a relucir su estirpe de inexorable verdugo,  puso la patita y no desaprovechó la enésima oportunidad que le ofrecieron los hados que habitan los campos del balompié y, de esta manera, terminamos retirándonos gananciosos del no siempre propicio terreno de Vicente López.

   Y debemos reconocer que hemos enhebrado la segunda victoria consecutiva, sin que ninguna de ambas pueda llenarnos de gloria y loor o de honra sin par.

   Porque el agónico gol del gran capocanionieri, apenas puede disimular una velada, donde el péndulo de la fortuna estuvo oscilando amenazante, como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas, entre la tragedia y la comedia.

  El triunfo, valioso al fin,  como lo son todos, terminó cobrándose (como viene ocurriendo habitualmente) su oneroso precio de expulsados, suspendidos y lesionados, que obligan a rebuscar en los recónditos subterráneos de la cantera de Celina o debajo del banco de suplentes, valores aún  imberbes que puedan completar la plantilla de buena fe de cada fecha.  

  San Salvador no pudo contar, en este partido rodeado de circunstancias circenses,  con el santafesino Llinás, por primera vez  desde su incorporación y ocupó su lugar el estirado Fernández.                           

   La patrulla defensora estuvo integrada por Fuente, el chiqui Pérez, el vocinglero Bogni y debutó el hiperkinético Fortuna, con unos botines de color guinda, más parecidos a los escarpines que usan los bufones que recorren las cortes con sus ocurrencias, que al viril calzado propio de un rudo player de fútbol.

   Para el medio ubicó al león De Muner, flanqueado a su diestra por Yanzi y a siniestra por Lucas. Intermediando con los delanteros Molina y Ojeda, quedó como siempre, el Moncho Fernández.

   Como si fuese un repetido ritual, comenzó mejor el equipo de Villa Crespo merced a esos primeros quince minutos de talento (no muchos más) que suele regalar Fernández, acompañado por momentos por Lucas y los movimientos pivoteantes del grandote Ojeda.

  A esos sumados los algunos valiosos rushes por su sector de Fuente y una buena labor de vigilancia de De Muner por la esfera del medio.

   Esa mejoría, no tardó en cristalizarse en el marcador, cuando el estrenado Fortuna habilitó por su banda a Ojeda y este dejó solito al Moncho para que eludiera al longevo Burela y pusiera en ventaja a los atlantes.

   Los pitufos verdes (deben tener un promedio de altitud de unos 5 pies) son un equipo sin demasiadas ambiciones y llegaron al estadio calamar tras una  clamorosa goleada en la misma laguna de Gómez.

  Dependen casi exclusivamente de lo que haga el experimentado y también diminuto Zuleta  del ecuador para adelante, y en el fondo son un flan con poca leche.

   Pero el dominio bohemio fue perdiendo, con el tic tac del reloj, su enjundia inicial y terminó diluido en un toqueteo chirle e impreciso.

    En realidad el partido fue tornándose una obra maestra del terror, en medio de una noche fría donde solo faltaban aparecer Narciso Ibáñez Menta, Bela Lugosi y Alicia Kirchner.

    Un tiro libre desde la estación Florida para los del Fortín Federación, agarró al arquero de Atlanta bailando al ritmo de Xuxa: dio “un pasito p’adelante” y cuando dio “un pasito para atrás” la fue a buscar al fondo del arco.

    1 a 1 y todo se complicaba innecesariamente. Para mal de males, ya no estaba De Muner, -de aceptable faena- que se había roto la mano tratando de agarrar las pantalonetas de un forward sarmientino.   

    Así y todo, los porteños continuaron siendo levemente superiores, más que nada por las abundantes carencias ajenas, que por la escasas virtudes propias.

   Si el primero de los tiempos fue malo, el segundo fue espantoso

   Las pocas y timoratas incursiones juninianas fueron la excusa ideal para el lucimiento del Chiqui Pérez –por años luz el mejor jugador de la cancha- y el horcón desde donde arrancaban los aluvionales ataques bohemios.

   De tanto en tanto, Molina se erraba un gol para alterar la rutina y Ferreiro concretó  lo que todo el mundo tenía ganas: irse a casa temprano faltando poco para el fin. Se hizo echar y  a la duchita caliente para envidia de compañeros, rivales, árbitros y público en general.

   Pero cuando todo parecía que terminaba en otro empate -que no sumaba ni restaba nada-, un postrero córner desde la derecha de su televisión, señora, encontró una cabeza bohemia en el centro de la ciudadela visitante y el clown Molina, cayéndose la mandó a guardar y decretó un victoria que no va dejar demasiado en el memoria y balance de la rica historia de Atlanta.

    Tres puntos que sirven, pero que quedaron eclipsados por la opaca performance del equipo y por el nuevo tendal de bajas para afrontar la futura excursión a  Caseros.

    ¡Le ganamos al Padre del aula, ahora vayamos por los estudiantes!

COMENTARIO REAL (acerca de Temperley 0 vs Atlanta 1, disputado el 08/04/08)

PASTILLA DE CARBÓN 

 

Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega

 

 

 ¡Tierras feraces para las cosechas bohemieras, mi fiel escudero,  las  ubicadas la  vera del viaducto de la calle Pasco!

   No conserva mi frágil memoria, haberme vuelto  desde esta región del austro bonaerense masticando el amargo sabor de una derrota en las últimas tres décadas.

 Es más, creo que hemos construido en este lapso, una paternidad que poco a poco va vengando la infausta afrenta sufrida en aquel lejano, pero siempre lacerante en el recuerdo,  diciembre de 1982.

  En esta ocasión arribamos a Turdera, timoratos y con el ala caída tras una seguidilla de tres derrotas- cuasi catastróficas- que nos distanciaron por demás de nuestro archi rival Montecastrense, amigo bastardo, precisamente, del contrincante en la noche de este martes.

  Los atlantes llegaban diezmados y la alineación de su escuadra era un misterio rocambolesco que solo San Salvador podía dilucidar.

   Sin apartarse de su esquema (que en su variante 2008 presenta a Fuente en un rol voluble entre carrilero y marcador de punta) los once que saltaron al field del Beranger a defender los gloriosos colores de la añeja institución de Villa Crespo fueron:   Don Rodrigo como custodio de la meta (de ellos). Los cuatro del bajo fondo, el mentado Fuente, el doncel debutante Celín, el estereofónico Bogni y el larguirucho Verino. Por el equador el incomprendido Yanzi, de centrojás el León De Muner y Luquitas.  De enganchador el Moncho Fernández y para la estocada final Ojeda y Castillito.

   Empezaron los capitalinos como para comerse los chicos crudos (sobre todo si visten de celeste).

   A poco de iniciada las acciones, el Boli se devora un goal increíble en las barbas mismas del sorprendido Crivelli.

  Pero a los cinco, en un golpe franco a las puertas de las murallas gasoleras, la puntería de Robin Hood y Gómez Voglino se concentran en el calzado diestro del Moncho que la pone tan inalcanzable como la estrella polar, al vuelo fatuo del goalckaeper  local.

  La hegemonía de los huéspedes se extendió por unos pocos minutos más, y allí comenzaron a terciar los volantes temperleyenses y fue cuando creció la  figura de  de Muner en el circo central y del vocinglero Bogni en solidaridad con Fuente, para evitarle a Celín los papelones que todos supimos cometer cuando debutamos.

  Mientras tanto Lucas y Ojeda la peleaban como podían arriba, en tanto Castillo se iba convirtiendo paulatinamente en algo parecido a un espectro.

   Los celestones se adueñaron del útil, pero hay que señalar que, en posesión del mismo tienen menos ideas que D’Elia y Castells juntos.

    Así y todo se las ingeniaron en llevar algún peligro a los arrabales defendidos por el santafesino Llinás, que cuando fue requerido respondió con la seguridad y eficacia que lo supieron ubicar, aceleradamente, en un rincón privilegiado del corazón del atlanterío.

    Sobretodo al desviar al córner en forma sobresaliente un tiro libre del volante Pajarón.

    En el segmento epilogar no se registraron mayores modificaciones tácticas para las maniobras de ambos conjuntos.

    Atlanta fue una ráfaga de mejor juego al inicio y para luego retrasarse, aguantar, relajarse y gozar.

   La cosa no parecía demasiado complicada, porque el dominio de los aliados de El Globo y All Boys tenía menos profundidad que el río Calabalumba cuando pasa por Capilla  del Monte.

   Pero el paparulo de Verino metió la manito y a las duchas antes de hora;  y nuevamente    todo se complica,  aparecen recientes fantasmas y hasta un empate aparece como un buen resultado en el  resignado imaginario bohemiense.    

   Los sureros van y van y dos pelotas dan en el madero horizontal. Y sí no, está Bogni para despejar y sí no, Don Rodrigo para atajar.

   Ya a estas alturas el cansino Bilbao  había ingresado por el Moncho Fernández, lo que significaba que San Salvador había sacrificado toda creatividad en el altar mayor de la resistencia.

   Sobre el final.-para que no queden dudas de sus intenciones- el alineador de  Atlanta reemplaza al atacador Ojeda  (de buena faena)  por el araucano Scatolaro.

   El bohemio era solo aguante y, para darle un tono de  mayor heroicidad al triunfo, Bilbao también mete la manito, se va al vestidor  y quedan  once contra nueve.

   Pero no hay nada que hacer: parece que es más fácil que Hermenegildo Sabat sea mafioso a que Temperley te haga un gol.  

   Así se llega a una conquista muy festejada, sin nada para regalar en materia futbolística, pero que vale muchísimo, tras tantos padecimientos.

   Más que nada sí este lauro sirve como una pastilla de carbón, para poner fin a la larga diarrea estival que nos estuvo aquejando durante todos estos meses.

 

GENO DIAZ

GENO DIAZ

EL ESCRITOR OLVIDADO DEL OESTE PORTEÑO

 

Por el Agricultor de Mirada Penetrante

 

  Buenos Aires,  como toda gran ciudad, tiene sus escritores emblemáticos y así como Pompeya tiene a Homero Manzi, Palermo a Borges y Bioy Casares, Villa Crespo a Marechal, los barrios del oeste porteño deberían tener en Geno Díaz al referente que supo pintarlos en la universalidad de su localismo.

  Pocos recuerdan a Eugenio Díaz (tal su nombre completo) y, si lo hacen, es en su faceta de caricaturista, humorista o guionista de Tato Bores.

  Sin embargo fue un novelista notable  y prolífico.

 Podemos mencionar obras como El Hombre que Compró su Muerte, Moriré sin  conocer Disneylandia o Los Desangelados  (llevada al cine bajo el nombre de Sentimental por Sergio Renán).

  Sin embargo lo más destacado de su trabajo lo encontramos  cuando utiliza la pluma como pincel para dibujarnos, los lugares que le fueron propios y,  los que- a través de sus vivencias- nos resultan fácilmente reconocibles en su cosmopolitismo porteño.

   Así Mataderos, Liniers, Flores y Villa Luro  se convierten en el escenario natural por donde desfila el variopinto y multifacético calidoscopio de sus entrañables personajes

  En este sentido, tres libros son fundamentales para alcanzar la esencia de la literatura de este gran artista, injustamente olvidado: La Cueva del Chancho, Bazar de 0,98 y Kermesse.

   Desgraciadamente, sus libros no volvieron a ser editados y hoy solo pueden encontrarse en algunas librerías de usados o cabe pedírselo a algún amigo que quizás   los tenga en su biblioteca.

  Conmigo no lo hagan, porque ni loco se los presto. 

COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 1 vs Comunicaciones 3, disputado el 04/04/08)

POR EL PIZZO 

 

 ¿Cómo es posible, mi fiel escudero, explicar esta caída libre que parece no tener fin y que nos ha costado la módica suma de tres derrotas por goleadas al hilo? ¡Hemos rodado desde las cercanías de la cumbre hacia el precipicio, como los elefantes de Aníbal por las ríspidas laderas de los Alpes nevados?

¿Tanto se ha modificado el rendimiento de nuestra escuadra, hasta no hace mucho altanera y casi siempre victoriosa, sobre todo cuando salía de Villa Crespo sembrando el pánico entre  los aterrados rivales a los que le tocaba visitar?

  ¿Puede la ausencia del exquisito Pérez García ser la razón única que motive semejante desfallecimiento?

   Es verdad que el petiso nunca pudo ser reemplazado cabalmente, y desde entonces Atlanta no tiene un timonel apto para conducir el bergantín  en aguas revueltas,  ya que el Moncho Fernández.  insinúa que conocimientos tiene, pero los entrega en cómodas cuotas y -al parecer- sin mucho interés. 

   Pero quizás lo más sorprendente sea el desempeño de la defensa, otrora bastión inexpugnable para los arietes contrarios y hoy frágiles murallas inestables, como las de Jericó al sonar persistente de las trompas.

    Otro factor se puede encontrar en la caída de productividad en los volantes contendores, ya que De Muner, esta nueva temporada parece un león herbívoro, y el ultramontano Scatolaro, más que la ferocidad de los caciques araucanos transmite la delicadeza de su compatriota, la galardonada Gabriela Mistral.

   Este viernes, los atlantes aún alimentaban una tibia esperanza de llegarse hasta la punta del torneo y recibían en Vicente Pelotez al irregular batallón de Comunicaciones, en una buena oportunidad para volver a sumar.

   San Salvador ubicó al rudo Riveros  y al Chiqui Pérez (que volvió por un ratito) como dupla central en la trinchera. Ferreiro retornó como media punta por derecha y el Moncho como enganche hacia Molina y Castillo. Estas terminaron siendo las novedades con respecto a la alineación que había regresado perdidosa del oeste moroniano.

   Empezaron mejor los locales, en un encuentro que amenazaba con  convertirse en unos de los históricos bodrios que suelen protagonizar los bohemienses cuando enfrentan a Il Postino.

   A  poco del inicio, el Moncho realiza una vistosa maniobra por derecha y su centro es aprovechado por una media vuelta del romperredes  Molinas, que decreta el 1 a 0.

   La alegría para los de Villa Crespo duró lo mismo que Porreti preso en Pinamar y, al tiro nomás, el ángel del gol, Vildozo, iguala con una masita que se desvía en el inoportuno pie de Riveros que circulaba por el sector.      

   Todo indicaba que los de San Salvador estaban en condiciones objetivas y subjetivas (¡Salud, viejo Lenín!)  de erigirse triunfantes, sobre todo en el momento en que el juez Barraza (en esta ocasión, de impecable labor) otorga la pena capital cuando a Castillo casi le arrancan la camiseta en el medio del área.

   Penal que el clown ejecuta sin mucha convicción y en el que decide devolver la pelota al ejido municipal de la Ciudad Capital Federal de todos los argentinos.

   Fue ese, sin duda, un momento de inflexión y punto de inicio de una nueva debacle atlantera, que terminó liquidado, en forma inapelable, en esos inaugurales cuarenta y cinco minutos.

   Porque los agrónomos -.dirigidos por el malamente recordado Pizzo- comenzaron a progresar en el terreno debido a una nueva falta sin aviso de los volantes bohemios, la ineficacia de sus zagueros ( más que nada por las espaldas del retornado Bilbao) y la impotencia de sus vanguardistas.

   A los 27 minutos, Pérez determinó que ya era suficiente el período de trabajo  para su regreso y se fue a duchar por doble tarjeta color trigo.

   Pasada la media hora, el avezado Banegas captura un rebote a la salida de un tiro de esquina y con la tranquilidad que suele dar el paso de los años, se acomodó, eligió el lugar del disparo y ejecutó sin miramientos a un atento Llinás. 

   Pocos instantes después, Bilbao comete un infantil  penalty que Don Rodrigo ataja inútilmente ya que el rebote es capitalizado por uno de ellos, que se llama  también Pérez, mientras los defensores atlanteros se entretenían sacando fotos con sus celulares de última generación.

   Para la segunda etapa, San Salvador va por un milagro en el que ya nadie cree y hubiese estado bueno que el encuentro no se reanudase, así todos nos íbamos temprano a nuestros respectivos palacios  a disfrutar, en horario razonable, de la porción de muzza y fainá que honestamente nos habíamos ganado a lo largo de la semana.

   Ingresa el clon de Molina, Verino, por el invisible Scatolaro, y el rechoncho entrenador lleva al macilento Bilbao de central, estableciendo Fuente- Bilbao- Verino como línea de tres.

   Ninguna mejoría

   Más tarde entra Tijera por Fuente… y naranja.

   Luego Riveros se aburre y pide cambio, y el purrete Bareiro se incorpora al desconcierto generalizado.

   Todo sigue igual o peor, porque estuvieron los comunicadores más próximos del cuarto que Atlanta del descuento.

    Y así, con los torcedores del centenario club de la calle Humboldt pidiendo la hora, para terminar con el innecesario suplicio, y con la fortuna de que no les convirtieron un cuaterno  -y además,  ni  llovía  ni hacía el frío del día del papelón en Caballito ante idéntico contrincante-, se cerró un nuevo y olvidable capítulo, en la nefasta novela que se está escribiendo en el presente año.  

    Descansemos ahora, que nos espera una semana vertiginosa y es poco el entusiasmo que alimento ante la pobreza futbolística manifestada por  nuestros ágiles.

   Solo me mantiene alerta la expectativa por la batalla de la fecha once, donde nuestros jugadores deben saber  oír que ese día,  con los de Montecastro , se debe ¡Matar o morir!

Un Cuento Brevísimo

Un Cuento Brevísimo

INTERRUPTUS  

  Lo hacía mejor de lo que había supuesto.     

    Sin duda sabía cómo manejar su cuerpo.     

    Y si bien sus pechos incipientes, sus hombros y espaldas permanecían casi estáticos, de la cintura para abajo concentraba toda la maestría de sus movimientos.  

    Su pubis se mecía acompasado, lenta pero enérgicamente, sostenido por sus muslos firmes, de una suavidad realzada por el brillo del sudor  y que controlaba con destreza lo que ocurría entre sus piernas.      

    Sin duda gozaba, tal como lo delataba su boca entreabierta en risa silenciosa,  su cabeza echada hacia atrás descubriendo una garganta blanca, tersa, perfecta…      

   Y sus manos que, por momentos liberadas, recogían sus cabellos rubios, para soltarlos nuevamente, después de enrollarlos detrás de la nuca.      

    Él también estaba disfrutando, aunque ella parecía haberse olvidado de su presencia, absolutamente abstraída en su felicidad ilimitada, ajena, volátil…      

    Una amazonas en frenética cabalgata.     

    La observaba, desde abajo con los ojos entrecerrados, ascender cada vez más, alejarse como un sueño, abrumado de amor y de ternura, mientras ella llegaba al punto más alto, cuando un movimiento brusco y un grito casi inaudible lo sacaron del agradable sopor en el que se encontraba sumergido.     

      La rueda delantera de la bicicleta se había atravesado y su hija caído, deslizándose suave, por el terraplén verde de la plaza.     

      Corrió a socorrerla.

LARBANOIS- CARRERO

LARBANOIS- CARRERO

LOS ORIENTALES 

 Por el Agricultor de Mirada Penetrante  

 

 

Cuando los grandes nombres del Canto popular uruguayo (Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, Los Olimareños, y otros)  debieron exilarse, perseguidos por la dictadura que asoló ese país en los años 70 y 80, surgió desde sus entrañas una camada de nuevos valores.

 Posiblemente el más destacado de estos, haya sido el dúo integrado por el tacuaremboense Eduardo Larbanois y por el hombre de La Florida, Mario Carrero.

Larbanois- Carrero basa su calidad en la notable guitarra del primero y en el particular color de voz de su compañero.

Cultores de la música flolclórica oriental, mixturan a su raíz de milongones, candombe, murga y canciones de la zona de frontera con el Brasil,  tangos argentinos y ritmos venezolanos como el golpe, el zumba que zumba y el joropo.

Si bien saltaron al gran público de su país, tras una larga trayectoria, no son muy conocidos en esta orilla del Plata.

 Sus primeras incursiones en Buenos Aires fueron a mediados de la década del 80 con recitales en el desaparecido Centro Cultural Scalabrni Ortiz de la calle Chacabuco al 100.

Realizaron recitales, además ,en el Club Libertadores de América, en el teatro de la UTA, y los últimos se llevaron a cabo en el IFT en los años 2002 y 2006.

Es posible conseguir sus temas por internet, siendo indispensables para conectarse con la obra de este dúo, conocer si tema emblema “Cuando canta el gallo azul”, el polo “Polo doliente”, “Zumba que Zumba”, “La Gamarra” y la versión del tango  “Vieja Viola”, entre los más destacados de su exquisito repertorio.

Estén atentos, aquellos que gustan del cantar de los latinoamericanos, a las presentaciones de estos notables artistas y a lo que se pueda conseguir, tanto en audio como en video.

¡ Se los recomiendo ¡