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la bitácora del marqués

COMENTARIO REAL (acerca de Social Español 1 vs Atlanta 1, disputado el 04/10/08)

COMENTARIO REAL  (acerca de  Social Español 1 vs Atlanta 1, disputado el 04/10/08)

HACIENDO LA PLANCHA

 

Por el Marqués Milton Sarachaga de la Vega

 

No reina en los tiempos que corren, mi fiel escudero,  el saludable hábito de ser agradecido. Por el contrario, como muchas veces dice el pensador azteca, El Chapulín Colorado, los ingratos suelen aprovecharse de nuestra nobleza y muerden la misma mano que le da de comer.

No tienes más que observar lo acontecido en los bajíos de Don Juan Diego Flores este sábado para comprobar la inexorable veracidad de tal axioma: A los hijos de la Madre Patria le perdonamos la vida durante todo el segundo tiempo y los malpagados nos terminan empatando en el postrer minuto de juego, privándonos de dos puntos vitales en la lucha por el lauro máximo y amargándonos, sin miramientos, el fin de semana.

El Morocho del Abasto decidió  que el Mágico González continuara con su convalecencia por el dolor en su tetilla sentado en el banco de los suplentes junto al imberbe Alderete que seguramente no lo dejó del todo conforme en el partido contra Morón.

Eso más la ausencia de Eloy, herido arteramente en dicho encuentro, hizo que la escuadra fundada el 12 de octubre de 1904 saliera a enfrentar a los nacidos el 12 de octubre de 1956 con la siguiente lista de combatientes:

Horacio Ramírez de arquero.  La línea final de tres integrantes tal el gusto del entrenador estuvo compuesta por Cherro, el petizo Arancibia y Jesús Nievas. De carrilero derecho lo improvisó a De Felippi; los dos centro jases fueron Natalichio y el romántico Romeo y Cisterna para subir y bajar por la izquierda.  Como enganche Lucas y arriba el goleador Matos y el Virrey Bianchi.

Los celtíberos se aprestaron para la contingencia con algunos nombres de fama como el ex Ferro, Víctor Molina, el volante Esquivel y el pichichi Gareca. Su banco de relevos parecía una mesa de los  36 Billares con los veteranos  Madrid, Calabria y el conocido Abel Soriano.

Las escaramuzas inaugurales favorecieron levemente a los locales que rondaron los arrabales del arco bohemiense, e incluso un tirito llovido de Esquivel tomó contacto con la parte oscura del madero horizontal.

De a poco los atlantes fueron empardando el juego sostenidos desde atrás por la seguridad de su guardapalos, la solvencia de Aranciabia y  la efectividad de Jesús. Y en el medio cumplía con acierto su labor el rubio Natalichio junto al trabajo anónimo, eficiente y solidario del romántico Romeo y la voluntad inclaudicable de Lucas. Con mucho tino se movía el Virrey, en tanto su camarada Matos intentaba hacer valer su voluminoso y sólido cuerpo humano.

Los puntos más flojos de los de azul oscuro y amarillo estaban por la región custodiada por ese pésimo arquero que demostró ser Cherro, que como lateral, en esta oportunidad erró más de lo que acertó.

Cisterna, a su vez, no termina de redondear una actuación consagratoria, y su capacidad para hacerse del balón no es proporcional a su certeza a la hora de darle destino final al mismo. Y  De Felippi decididamente no jugó bien.

Habríamos apenas sobrepasado el primer cuarto de hora, cuando Matos entró al área menor de los hispánicos, que con mucha educación y respeto permitieron que el goleador definiera cómodamente al descolocado  Coloca con toque sutil.     

Con la ventaja de su lado, Atlanta comenzó a justificar la virtual victoria con un mejor despliegue de sus soldados y una mejor comunión de ideas y acciones.

Y cuando todo parecía encaminado hacia la dulce zafra de tres puntitos más, el destino traicionero jugó su carta macabra hiriendo en la pierna, al valor más importante del Bohemio en la presente temporada: el petizo Arancibia.

El Morocho del Abasto mueve sus piezas y el Torito Guzmán fue sobre el sector derecho y el vacilante De Felippi pasa de zaguero diestro, en tanto que el mal arquero Cherro ocupó la plaza vacante.

Lo que siguieron fueron momentos de desconcierto donde De Felippi no la agarraba ni con las manos de Filippi. Es más, sobre el final, compendió en una sola jugada  todos los errores del mundo y solo la torpeza de los atacantes galaicos impidió llegar al descanso con el marcador igualado. 

Para el segundo tiempo los del “Depor” salieron a vender cara su derrota y de paso amortiguar las puteadas que llovían torrencialmente del lado de sus seguidores.

Atlanta le cedió la iniciativa, y se agazapó para liquidarlo de contra. Y no parecía una idea descabellada ya que la defensa roja hace agua por todos lados, como la economía de los EEUU.

Lucas se hizo dueño del balón mientras Guzmán la perdía casi siempre al final, por el otro costado. Se afirmó Cisterna y mejoró De Felippi y Natalichio se erigió como factor desequilibrante en el medio juego.

Si usted va a la cancha sin reloj y quiere saber cuando estamos en los quince minutos del segundo tiempo, es fácil: Cuando entra Kondriatuk. Esta vez por el Virrey Bianchi.

Se armaron entonces dos líneas de cuatro y Atlanta se dedicó a esperar que el partido agote sus minutos reglamentarios haciendo la plancha y, mientras,  a perderse una ponchada de goles.

No todos, ya que el mal arquero Cherro hizo uno estupendo que el Chacho Echenique, (Aquel juez de una estafa aún impune en Morón) anuló a instancias del linesman y que ha sumado una duda más, a mi espíritu cargado de incertidumbres.

Todo estaba cocinado, la mesa puesta y la servilleta colgada en nuestro cuello, cuando faltaba menos que nada y entre Cisterna y De Felippi pierden la pelota en el medio y la salida rápida de los Gallegos deja solo a Gareca. Ramírez no tiene muchas opciones y lo frena con una plancha a lo Griffo.

Cartón carmín para el avión (De muy buen  partido) por último recurso,  Cherro bajo los tres palos y tiro letal en la media luna.

Gareca saca un cañonazo, Cherro lo ataja a Natalichio, Natalichio lo rechaza a Cherro y andá que te cure lola. Uno a uno y a rogar que Flandria le gane a Sarmiento

 Y así nos fuimos del coqueto estadio españolista, más caliente que plancha en el fuego.

Ahora a esperar a Temperley para festejar nuestro cumpleaños  y cobrarnos una deuda pendiente con uno de sus delanteros, al que le tengo unas ganas bárbaras,

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