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Resumen
- 15/02/2009 20:27 - COMENTARIO REAL (acerca de Estudiantes 0 vs Atlanta 2, disputado el 27/01/09)
- 15/02/2009 20:31 - COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 1 vs Talleres 1, disputado el 01/02/09)
- 15/02/2009 20:36 - COMENTARIO REAL (acerca de Brown de Adrogué 0 vs Atlanta 1, disputado el 07/02/09)
COMENTARIO REAL (acerca de Estudiantes 0 vs Atlanta 2, disputado el 27/01/09)
A CABALLO REGALADO…
Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega
Otra vez en marcha, mi fiel escudero, con mi flaco rocín y la armadura oxidada a pesar de los 40° de sensación térmica, dispuestos a seguir a El Bohemio en este nuevo año y en lo que resta de un torneo que nos encuentra bastante alejados de las fuerzas vanguardistas.
Pero siempre con la esperanza como escudo y la ilusión como lanza para acometer contra los molinos de viento del pesimismo y el mal aguero.
Y ya que hablamos de Agüero ¿No os llama la atención las incorporaciones que ha producido la noble institución de la ribera norte del Maldonado?
Es bien cierto que el planeta se debate en una crisis terminal y que nos acercamos a pasos agigantado a la fin del Mundo, tal lo anunciado por apocalípticos profetas hace siglos atrás.
También es cierto que Atlanta se halla ante la titánica tarea de construir su estadio en el corazón mismo de la megápolis porteña y que eso le insume ingentes óbolos y, que de no mediar una administración serena, se vería afectada por una hemorragia económica mortal.
Pero ¿Consideráis sensato haber invertido lo poco disponible en reforzar la defensa cuando el déficit más grande, estaba a todas luces del medio para adelante?
Creo que esto constituye una evidencia más de la filosofía conservadora de nuestro laborioso entrenador, que prioriza con obsesión el arco propio y, solo después comienza a alzar la vista para divisar, en un horizonte lejano, lo que debería ser la meta de nuestros atacantes.
Ayer se ganó tras más de una década y media en el difícil reducto ubicado en los pagos donde el Ejército Grande diera cuenta del tirano Rosas un ya lejano 3 de febrero.
Pero festejemos con mesura, porque esta inmerecida victoria fue más un obsequio de la Providencia, de algún que otro error de Rapanelli y de la ingenuidad de los alicaídos pincharratones, que un mérito de nuestros esforzados ágiles.
En el primer saque de meta que tuvo Atlanta al minuto de juego, el bien venido Llinás tardó una eternidad en acomodar la pelota, lo que delataba que el encuentro era encarado con menos ambiciones que las que tenían San Francisco de Asís y el Mahatma Ghandi juntos, y que un solo punto conformaba con creces a las exiguas aspiraciones bohemieras.
Los de Villa Crespo salieron al terreno con su nuevo esquema – al menos para ir de visitas- de cuatro defensores, otros tantos volantes, el Mágico de media punta casi enganche y Matos para facturar.
Así la alineación de la divisa amada fue con Don Rodrigo de cancerbero. Martillo Ortiz, el petizo Arancibia, Nievas y Kondratuck en defensa. Dow Jones (sigue en baja) el rubio Natalichio, Romeo y Lucas en el medio campo y, lo ya dicho: Miguel González y el grandote Matos.
Empezaron mejor los vestidos de verde bombacha y asediaron las inmediaciones con centros que eran siempre conectados por el enemigo, obligando al lucimiento de Don Rodrigo a veces o a los despejes desesperados de Arancibia o Nievas otras. Eso al margen de que los delanteros casereños son bastante burritos los pobres.
Esa arremetida inicial se fue diluyendo y Atlanta se fue haciendo del balón y emparejando las acciones. Hasta conoció una decena de minutos de supremacía merced a la efímera labor de Natalicchio, González y Ferreriro.
Pasado ese lapso donde los azul amarillo hasta pudieron conquistar algún gol, el rubio volante y el Mágico desaparecerían. Lucas también, pero para retornar sobre el final.
La segunda mitad del período se hizo tan aburrido como un domingo sin Fútbol de Primera, con Estudiantes buscando un poco más y Atlanta controlando el resultado sin hesitar.
El debutante Ortiz aparecía firme en su sector, no tanto los zagueros centrales y mucho menos Kondriatuk cuya zona de patrullaje fue sector fue el elegido por el adversario para arrimarse a la valla visitante.
Inclusive una torpeza suya le pudo costar caro a los porteños, cuando se le fue la piernita y derribó sin necesidad a Yazogna, pero afortunadamente Rapanelli se hizo el distraído, como comisario de la bonaerense.
Por el medio los volantes neutralizaban sin problemas a sus colegas estudiantiles, mas a la hora de crear no se les caía una idea ni de casualidad. González desapareció como por arte de magia y Matos se las arreglaba para estar siempre en un lugar distinto a donde iba a parar el balón.
No extrañó, entonces, que el marcador terminara cerrado al final del período y nada hacía imaginar que las cosas cambiarían para el segundo.
Los acontecimientos se despeñaban inexorablemente hacia el quinto empate consecutivo de loa atlantes, cuando la cosa se complicó al hacerse expulsar tontamente el zapallo de Jones.
Allí se vinieron a la carga los de 3 de Febrero y apareció la figura del retornado Llinás para redondear una actuación estupenda y erigirse en la figura de esta batalla de Caseros.
El morocho Agüero hizo entrar a Guzmán por un desdibujado Natalicchio y poco después a Pinocho Marecos por el averiado Matos.
Y Atlanta mejoró un poco, pero no tanto como para merecer ganar el match.
Si embargo faltando cinco, Ferreiro ingresa al área y cae tocado por su marcador con la fiereza con que Calabró le pegaba a Borromeo. Penal post moderno (esos que se cobran desde que se televisan los partidos) y Bianchi, al que la filosofía le importa un sorongo, que la manda a guardar.
Partido liquidado, sobre todo cuando Brizuela demuestra que los boludos no sólo propiedad de Atlanta y también se hace echar infantilmente.
En la última Lucas se manda una linda jugada de contrataque y define con tiro rasante mientras Guzmán (de buen partido) se le cruzaba por el campo visual del arquero como Pancho por su casa. Gol y a llorar al monasterio.
Triunfo muy valioso que esperemos sirva de impulso para revertir la pálida imagen que nos quedó del 2008, aunque el fútbol por ahora, en Villa Crespo sigue de vacaciones.
COMENTARIO REAL (acerca de Atlanta 1 vs Talleres 1, disputado el 01/02/09)
LAS DUDAS Y EL DUDY
Por Milton Saráchaga de la Vega
¡Que bello día nos deparó este domingo inaugural del mes de la fiebre! Una jornada de estío propicia para el sanitario contacto con la naturaleza, para la fortificante absorción de los rayos gamas y ultravioletas que el rey Febo nos envía desde el fondo de un espacio sideral cada vez más desprovisto de ozono, y para el diletante y merecido reposo, en posición de decúbito dorsal, comiendo quizás alguna uva y oyendo el delicado vibrar de alguna lira.
Día ideal entonces para emprender un paseo que nos haga olvidar las insufribles presiones con la que la vida mundana nos tortura cotidianamente.
Y todos los condimentos estaban prestos para que ese paseo resultara de lo más placentero.
Porque a las benévolas condiciones climáticas había que agregar que Atlanta venía de conseguir una inmerecida, pero histórica victoria en Caseros, y que el rival a enfrentar en esta fecha era el flojísimo Talleres, uno de los candidatos más firmes a descender al oprobioso subsuelo de la Primera C
Y como sí esto no bastara para garantizar una jornada exitosa, todavía nos estábamos apoltronando en las ebúrneas plateas del “Ciudad de Vicente López” cuando Miguel González capturó un centro del Virrey Bianchi, y con más suerte que magia, anotó por debajo del cuerpo del siempre recordado Juan Gambandé.
Gol desde el vestuario, diría algún poco ingenioso cronista y ¡A relajarse y gozar que el campo se nos ha hecho orégano!
Pero la historia no terminaría tan bien como había comenzado.
Veamos, relatemos, analicemos y concluyamos mi fiel escudero.
Atlanta para este compromiso se vio privado de la presencia del díscolo Jones, castigado por el rigor de las leyes, del grandote Matos averiado en uno de sus tobillos y del jovenzuelo Guzmán con las fibras de uno de sus músculos desgarradas.
Emergió del túnel entonces, con Don Rodrigo al arco. Los cuatro del bajo fondo con el Martillo Ortiz, el petizo Arancibia, Jesús Nievas y el defensor K, Kondriatuk. El cuarteto de la volantería lo conformaron Eloy Colombano, el rubio Natalichio, Romeo y Lucas. El Mágico y el Virrey.
La amanecida conquista parecía allanar el sendero a una cómoda sumatoria de los tres puntos en juego, ya que, en la primera mitad, el dominio del campo de batalla fue exclusivo de las huestes bohemieras, claro está, con sus consabidas limitaciones.
Pocas ocasiones de peligro que hicieran entrar en pánico al guardameta austral podemos contabilizar en este período de tiempo. Muchos centros cruzados que atravesaron el área tallarían, como el Simún las arenas del Sahara, pero sin la graves consecuencia que suelen acompañar al paso del viento norafricano.
Tal vez la más clara fue otro centro de Bianchi, que el Mágico quiso parar con la delicadeza de un modisto francés, pero como se había puesto los botines de lata, el balón rebotó furioso y fue manso a los guantes del arquero visitante.
La hegemonía atlante comenzó a gestarse por el ala derecha, donde Nata andaba bien en el quite y Eloy se insinuaba como wing y a veces se les asociaba la subida de Ortiz. Pero el toqueteo no se cristalizaba en triangulación y las intentonas se esfumaban entre las aguas de borrajas de a torpeza bohemia y la rudeza de los defensores remedienses.
Para peor El Mágico se quedaba en aprontes y Lucas no aparecía sino cada muerte de obispo excomulgado.
En el otro hemisferio la regularidad de Romeo y la firmeza de Jesús y Arancibia alcanzaban para desbaratar lo poco que el añejo Zagharian podía llegar a construir.
Con este panorama, la segunda etapa parecía un mero trámite antes de llegar a nuestros aposentos, pedir la pizza, destapar la cerveza y mirar el súper clásico por TV.
Pero el técnico Rodríguez hace ingresar al terreno al Dudy Pérez (Sí, él que supo vestir sin pena ni gloria la querida casaca azul y amarillo) y el enano maldito produjo en pocos instantes un aquelarre de toques, apertura de espacios y movimientos ofensivos, que dejaron a los jugadores bohemios desorientados como Macri en Villa Lugano.
Con pincelada de ese talento ( que brindó con cuenta gotas en su mencionado paso por Atlanta) le alcanzaron para emparejar las acciones y empatar el partido, cuando Gímenez, con la soledad de los profetas, capitalizó un pase desde la derecha y decretó el lapidario empate.
Lo que siguió fue una película más vista que La Fiesta Inolvidable: la búsqueda infructuosa y poco imaginativa de Lucas por su sector, el dominio estéril del campo hasta las inmediaciones del los quince metros, y la reiteración de centros inofensivos.
Lo más destacable de Atlanta lo constituyó una incursión de Bianchi al que su marcador le quería sacar la camiseta en forma poco amistosa y no lo largaba aún dentro del área, en un claro penal que Delfino prefirió cobrar afuera. El tiro libre de Ferreiro fue desviado con esfuerzo por Gambandé.
Sin embargo la más clara la tuvo el Dudy, pero se apiadó de sus ex conmilitones y la tiró muy cerca del palo diestro de un vencido Llinás y que le hubiera dado a la tarde veraniega visos de una verdadera tragedia.
Para que nada cambie, Agüero había realizado los siguientes cambios. Los celineros Alderete, Marecos y Caccialanza reemplazaron a Eloy que había desaparecido; a Natalichio, ídem y al Mágico, ídem; respectivamente
Así se llegó a un final triste por lo inesperado y que no hace otra cosa que seguir abriendo dudas sobre el porvenir de la escuadra villacrespense.
Habrá que seguir en la huella, nomás haciendo tripa corazón, porque los números dicen que se puede, pero lo que muestran nuestros players en la cancha parece contradecirlos.
COMENTARIO REAL (acerca de Brown de Adrogué 0 vs Atlanta 1, disputado el 07/02/09)
Por el Marqués Milton Saráchaga de la Vega
CINCO MENTARIOS
“El fin justifica los medios” Nicolás Maquiavelo
Finalmente llegamos, mi fiel escudero, a estos pagos de laberínticas calles y diagonales que no conducen a ninguna parte y en uno de cuyos ocultos recovecos se levanta el estadio mínimo de los Tricolores de Adrogué, para ocupar nuevamente mi puesto de observación en la precaria atalaya sin parapeto que se levanta a un costado de la cancha y a la que se accede por un escalera que tiene la solidez de un banco islandés y se mueve como un flan Ravanna (el más rico flan).
Y atingido por las flechas implacables del astro Rey que pone el cerebro como una molleja sobre las brasas crujientes y te deja la cara como un tomate para rellenar con atún, asistimos a la segunda victoria consecutiva en condición de huéspedes y en un reducto del que pocas veces hemos salidos con una sonrisa en los labios.
Tres puntos dorados que aún permite mantener la ilusión de acercarnos a quienes marchan en la vanguardia, en una fecha donde casi todos los contendientes sumaron de a un miserable punto.
El morocho Agüero, llegó al sur profundo del Gran Buenos Aires convencido de su una apuesta clara y poca vistosa, pero que esta vez les rindió los frutos deseados y tal vez más de lo esperado.
No tiene sentido, a estas alturas, volver a poner en uno de los platillos de la báscula las pesas que determinan los merecimientos. Ya deberíamos estar acostumbrados pues, a que en la filosofía de nuestro alineador que la justicia no constituye es un valor prioritario. Sí, en cambio, el pragmatismo más crudo que lo lleva a defender por sobre toda las cosas, a no arriesgar nunca y a esperar que, si la suerte o los errores del rival lo permiten, convertir y refugiarse en la caverna esperando a que el tiempo se convierta en desesperación para el enemigo.
Terminar defendiendo con línea de cinco, ante un rival sin figuras desequilibrantes ni un juego asociado que justifique tamaña precaución, es por sí mismo todo una definición de la visión táctica y estratégica del ex Defensa y Justicia.
Si a la distribución de las fuerzas disponibles, le sumamos las escasas dimensiones del terreno de juego, todo esto termina conjugándose a favor de las amarretas aspiraciones con que El Bohemio llegó al hogar de los brownies.
Atlanta saltó al field con Don Rodrigo en el arco. Y repitió el cuarteto defensivo del domingo anterior con Martillo Ortíz, el petizo Arancibia, Jesús Nievas y el rústico Kondriatuk.
En el medio campo, privado de la presencia de Ferreiro, decidió dejar al Mágico en el banco y colocar a Marecos y Alderete de insides y a Natalichio y Romeo como sendos centrojases.
Arriba lo mandó a Matos a aguantar y a Bianchi a la expectativa de que le llegue la pelota y de poder crear alguna cosa.
A pesar del sol radiante, en los primeros 25 minutos el área de los porteños se cubrió de negros nubarrones que auguraban una tarde tormentosa.
Suerte que estaba Don Rodrigo en otra jornada inspiradísima y construyó una labor casi sin fallas que terminó consagrándolo como una de los héroes de la contienda. Porque en ese lapso tapó tres posibilidades de gol clara (Sacó un tiro con la mano cambiada al ángulo que debe entrar en la antología de las grandes atajadas del mundo), amén de las que se devoraban los atacadores adronguenses.
Lo cierto que la cancha parecía inclinada hacia el hemisferio del campo que en el sorteo del tocó defender a la visita.
Y eso se debía a la ternura y candidez de los celineros Alderete y Pinocho Marecos por sus regiones, a que Natalachio la veia pasar y no la podía agarrar y sólo Ricky Romeo aportaba algo de quite en los arrabales del círculo central.
En el bajo fondo, por su parte, los zagueros empezaron perdidos como el arca de Indiana Jones, para irse afirmando conducidos por el despliegue, la eficacia y la siempre correcta ubicuidad del salteño Arancibia, a la postre el gran paladín del triunfo villacrespense.
Pasado el sofocón inicial, los tricoloreados fueron perdiendo enjundia y los de azul amarillo fueron consiguiendo que la batalla se disputara unos metros más adelante. De esta manera la región delimitada por las dos medialunas quedó tan superpoblada como la terminal de Retiro en un recambio de quincena veraniega.
Cerca de los cuarenta minutos, ni Matos ni Bianchi conocían, todavía, personalmente al arquero rival, dado que las únicas llegadas de los atlantes habían sido dos disparos desde la estación Burzaco (el segundo un tiro libre de Marecos con mucha rosca que Bangert resolvió bien).
En eso el Virrey Santiago de Liniers captura una pelota extraviada en el equador del terruño, encara y tras la pausa justa, lo pone a Alderete en posición anotadora. El doncel la para como el traste pero los defensores sureños se hacen un nudo y termina facturando de media vuelta. Gol y Agüero que se refriega las manos y empieza a planificar el segundo tiempo.
Sin más para contar de este primer período, los jugadores se van a los vestidores a por el líquido elemento y yo a buscar un poco de sombra para ventilar la armadura que estaba más caliente que soldado de franco.
Para el segundo segmento el entrenador deja al goleador en la soledad de los camarines (posiblemente lesionado) e introduce a Dow Jones en similar función.
No hacía falta consultar a brujas ni oráculos para darse cuenta que si la consigna era evitar un gol desde el principio, ahora ganando, la postura conservadora que caracterizaba al Bohemio se iba a acentuar sobremanera.
Los conducidos por Kopriva volvieron a mostrar su actitud más punzante en los minutos iniciales y nuevamente Llinás y Arancibia se encargaron de abortar sus timoratas incursiones y con eso lograron que estos arrebatos volvieran a esfumarse mientras el sol caía en el poniente y la impotencia se apoderaba de los ágiles del bando contrario.
A Atlanta se le fueron abriendo los espacios y pudo generar algunos contragolpes. Pero a Marecos le falta algunas materias para recibirse de conductor, Natalichio no da un pase bien y Bianchi no aportaba la claridad para capitalizar estas flaquezas del rival.
Matos, a su vez, intentaba hacer prevalecer su robusta envergadura física, pero el balón inevitablemetne le rebotaba largo y era casi siempre recuperado por algún player browniano
Cerca de la mitad de la etapa, Agüero decidió dejar de lado todo prejuicio, despojarse de cualquier pudor y no tuvo miedo al que dirán ni a las habladurías de los chismosos. Desempolvó su prosapia zubeldiana y al viejo estilo del Estudiantes no disimuló su deseo de cerrar el partido con métodos poco ortodoxos.
Lo sacó a Pinocho Marecos, y metió en cancha al olvidado Cherro. Armó un obscena línea de cinco y ¡Andá que te cure Lola.!
Sin embargo con eso logró su objetivo y le clausuró al enemigo todos los caminos que conducían a Don Rodrigo y esa muralla humana se le hizo inexpugnable al limitado team local Los tricoloreados se repitieron en centros y pelotazos, remedando la historia que Atlanta vive en Vicente López cada fecha y que lo llevaron a cosechar cinco empates consecutivos, Sin ideas ni imaginación se reiteraron una y otra vez, para el lucimiento de Arancibia rechazando todo y parando a todos, acompañado ahora por la buena faena de Cherro.
Y si hubo una clara, la tuvo precisamente el ex Ferro, otrora goleador y frustrado arquero, cuando paró una pelota solo frente a Bangert, y mientras se festejaba un seguro gol que hasta Diduch lo hubiera hecho, le pegó con la esponja vegetal y la mandó afuera. De haber terminado empatado el partido, hoy estaría sacando el pasaporte para exiliarse en la República de Ruanda.
Siguió aguantando Atlanta, sin lirismo ni idealismo ninguno, hasta que Gutiérrez sopló su pitito y dio por finiquitado el pleito.
Halago valiosísimo, aunque un tanto vergonzante.
Pero mi fiel escudero, en estas épocas poco propicias para caballeros andantes, lo único que sirve solamente es el éxito.
Y sea como sea Atlanta ganó, algo que siempre es reconforta y sienta bien
